Año Jubilar Extraordinario de la Misericordiaa

jubileo7Jesucristo, el rostro de la misericordia del Padre. Con esta afirmación el papa Francisco llama a toda la Iglesia a vivir una experiencia de gracia y convoca el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

Participando de esta iniciativa del Obispo de Roma pido que nuestra diócesis reviva la experiencia de la misericordia. Ella es visible y palpable en la ternura de los que cuidan a los más frágiles y necesitados, en el perdón mutuo y en el sacramento de la reconciliación. Por eso ruego que todos tengamos abiertos los oídos del corazón para percibir el susurro del Espíritu que proclama: sed misericordiosos los unos con los otros.

Espero que todo esto no se ahogue en la esterilidad de los discursos. Deberemos promover en nuestra diócesis acciones concretas que hagan visible para todos el don de la misericordia, desde la atención serena de cada cristiano en la oración a este misterio de amor, hasta el compromiso público y organizado hacia los que hoy sufren por cualquier motivo.

Si en toda la Iglesia el Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, como un momento de gracia y renovación, ha de celebrarse con una gran esperanza y gozo, considero que ha de tener un eco especial en nuestra Iglesia diocesana en la que la celebración de los Años Santos Compostelanos se subraya la motivación de la Gran Perdonanza, tan vinculada a la Misericordia y al amor de Dios que perdona. La apertura de la puerta santa en la Catedral es el signo de la “Puerta de la Misericordia, a través de la cual cualquiera que pase por ella, podrá experimentar el amor de Dios que consuela, perdona y ofrece esperanza”.

La celebración del Jubileo nos ayudará a renovar la pastoral diocesana. El tema de la misericordia ha de estar presente en todo nuestro quehacer pastoral: en la catequesis, a lo largo del Tiempo litúrgico, de manera especial en la Cuaresma, Semana Santa, Tiempo pascual, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y Solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús. A este propósito por parte de la Vicaría de Enseñanza, Delegación Episcopal de Catequesis y de Liturgia se ofrecerán los subsidios oportunos aparte de los ya indicados por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. La exposición del tema de la misericordia se hará en la celebración de los sacramentos: Bautismo, Confirmación, Unción de los Enfermos y sobre todo Penitencia.

María es madre de misericordia, la tuvo en su seno y la sostuvo en sus brazos; pudo nacer de ella, porque se hizo humilde sierva de la Palabra de Dios. Su humildad fue condición para profetizar la dispersión de los soberbios de corazón y la exaltación de los humildes. Su piedad misericordiosa la muestra María en las bodas de Caná con aquellos jóvenes esposos que pudieron verse en la ignominia de no poder ofrecer vino a los invitados. María intervino y Jesús realizó el primero de los signos, manifestando su gloria, y los discípulos creyeron en él. Ella tiene el propósito de manifestar la gloria de Cristo para la conversión de los hombres. Es verdad que a los que se les ha perdonado mucho es porque han amado mucho (Lc 7, 47). Sin embargo, lo mejor de todo es el amor de la Madre del Señor, que nunca le ofendió sino que recibió de Él la misericordia mayor de todas: la de reconocer su propia nada en medio de la más alta perfección, y de ser la más pobre entre todos los santos porque fue la más rica de gracia. Su caridad correspondía perfectamente con su humildad. Esta no es el ámbito de la debilidad que siempre es fruto de la soberbia revestida de palabras huecas.

Monseñor Julián Barrio Barrio
(extractos de la Carta Pastoral en el
Jubileo Extraordinario de la Misericordia)

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