Carta Pastoral con motivo de la XLIX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

 “Comunicar la Familia: Ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor”

  Este año, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, domingo 17 de mayo, la Iglesia celebra su XLIX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que en esta ocasión nos ofrece como lema de reflexión: “Comunicar la Familia: Ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor”. El papa Francisco ha elegido este tema en un tiempo marcado por la celebración de dos Sínodos dedicados, precisamente, a examinar los desafíos y retos a los que se enfrenta la familia. Son como un “Pentecostés” para la familia.

Podría parecer a simple vista que hablar de la familia es desviarse de la propia naturaleza de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, un ámbito que semeja quedar lejos del ambiente familiar. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En su mensaje para esta Jornada, el Papa nos recuerda que “la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar” y que volver a ese momento originario nos puede ayudar a comprender más y mejor el fenómeno personal, social y comunitario de la comunicación. El seno materno, nos dice, “es la primera escuela de comunicación”, una relación íntima entre la madre y el hijo que se prolonga, tras el nacimiento, en el seno de la familia. Comunicar de corazón a corazón, como la madre con el hijo, es símbolo vivo de la comunicación interpersonal y del enriquecimiento y aprendizaje que se experimenta en la familia. “Podemos dar porque hemos recibido, nos indica el Papa, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación”.

La aventura de vivir la fe en familia es, además, una clara invitación a comunicar la alegría del Evangelio, a difundir el mensaje de Cristo Salvador, a proclamar la apertura a la vida, a practicar la acogida y a dar “consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias”. En la familia, más allá de las fragilidades y de los propios límites de los esposos y de los hijos, se manifiesta el designio de Dios sobre la sacralidad esponsal. Ciertamente, nuestro actual horizonte social no está exento de sombras que obscurecen este proyecto divino sobre el amor humano.

No pocas veces lamentamos que se ha roto la comunicación y el diálogo entre padres e hijos, y que las comidas o las cenas en la familia ya han dejado de ser ámbito de encuentro, estando más pendientes del móvil, de la radio, de la música oída a través de los cascos,  de la televisión o de otros medios de comunicación. El amor y la gratuidad son las claves para recuperar la comunicación familiar. “Hoy, subraya el papa Francisco, “los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y espera, olvidando que el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido”.

Construir una comunicación social plenamente humana, anclada en el respeto a la dignidad del hombre y la mujer como criaturas de Dios pasa por favorecer el compartir, el escuchar, el acoger y el encontrarse de corazón a corazón. “Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este “inicio vivo”, sabremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas”.

El desafío, tal y como nos advierte el Papa, es hoy “volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Esta es la dirección hacia la que nos empujan los potentes y valiosos medios de la comunicación contemporánea. La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto”. Cristo es modelo de comunicador: Él nos transmite la gracia del Padre a través del Espíritu y en su palabra encontramos el camino, la verdad y la vida que no se acaba, porque es para nosotros un diálogo de amor que nos salva y nos lleva a la  plena felicidad de la Bienaventuranza eterna.

Como siempre, con agradecimiento por su trabajo comunicativo, invito a todos los profesionales de la comunicación a velar para hacer del hecho informativo un lugar auténtico de encuentro, de gratuidad y de verdadera caridad para cualquier tipo de audiencia.

Les saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela

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