Carta Pastoral Vida Contemplativa 2019

La vida contemplativa. Corazón orante y misionero 

Queridos Miembros de Vida Contemplativa:

“¡Cuanta eficacia apostólica se irradia de los monasterios por la oración y la ofrenda! ¡Cuánto gozo y profecía grita al mundo el silencio de los claustros!”[1].  “Corazón orante y riqueza de fecundidad apostólica es la vida contemplativa femenina en la Iglesia”. Estas expresiones aparecen en la introducción de la Instrucción aplicativa sobre la vida contemplativa femenina. Palabras a las que hace referencia el lema para esta Jornada. El objetivo es reconocer el don que supone para la Iglesia la presencia de las comunidades de vida contemplativa tanto femenina como masculina, y conocer mejor este carisma con el que el Señor enriquece a su Iglesia.

Corazón orante y riqueza de fecundidad apostólica son dos dimensiones de la vida cristiana de las que podemos hablar por separado, recordando a  Marta y María, pero indisociables en su realidad teológica y vivencial. A esto alude el papa Francisco  a lo largo de la Constitución apostólica sobre la vida contemplativa femenina, al escribir: “La Iglesia cuenta con vuestra oración y con vuestra ofrenda para llevar la  buena noticia del Evangelio a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo. La Iglesia os necesita”[2]. “Recordad, sin embargo, que la vida de oración y la vida contemplativa no pueden vivirse como repliegue en vosotras, sino que deben ensanchar el corazón para abrazar a toda la humanidad, y en especial a aquella que sufre… Por vuestra oración vosotras curáis las llagas de tantos hermanos”[3].

Corazón orante

“Hoy, como entonces (cf. Ex 17,11), podemos pensar que las suertes de la humanidad se deciden en el corazón orante y en los brazos levantados de las contemplativas”[4]. La vida contemplativa se considera vinculada de manera muy especial a la idea de un corazón orante. Y, en buena medida, la oración contemplativa marca y determina su configuración tal como la conocemos. Esta dimensión que indica que el único centro importante es Dios, se hace especialmente significativa en un mundo digital como el nuestro y en sociedades crecientemente secularizadas como la nuestra donde se la considera como algo irrelevante. ¿Tendría sentido hablar de un Trastorno por déficit de Espiritualidad?[5]. Para las tradiciones bíblicas, la posibilidad de una experiencia espiritual se fundamenta en el hábito del silencio y la contemplación. La distracción permanente y la dispersión se convierten en amenazas que acaban desintegrando al creyente, por lo que se puede afirmar que el “déficit de atención” entorpece el crecimiento y la maduración espiritual. Ahora bien, el Trastorno por déficit de Espiritualidad –si aceptamos su realidad- no cabría achacarlo sólo a los males de nuestra época. Es un problema que afecta al ser humano por el mero hecho de serlo. En la propia Sagrada Escritura aparecen ya referencias sutiles a esta realidad.

Sin duda, puede resultarnos sumamente esclarecedor el encuentro de Jesús con Marta y María (Lc 10, 38-42). En esta ocasión, Jesús reprende a Marta por su dispersión, su activismo, y su incapacidad –oculta bajo la apariencia de un servicio desinteresado- para hablar, escuchar y contemplar. “Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria una” (Lc 10,40), le dice Jesús. Bajo esta advertencia se ofrece un mensaje dirigido a los creyentes de todos los tiempos: céntrate en lo único importante, en  Dios. Efectivamente, “hoy, como entonces…”, según el libro del Éxodo 17, 11ss, es Moisés quien con su oración decide la suerte de su pueblo. Y, en un momento como el actual, particularmente afectado por lo que denominábamos el “síndrome de Marta”, que expresa de forma paradigmática el tipo de dispersión que caracteriza nuestra época, “la Iglesia os necesita” y cuenta con vosotras que “al recitar y cantar las alabanzas del Señor por la Liturgia de las Horas, os convertís en voz de las personas y, al igual que los profetas, intercedéis por la salvación de todos[6].

 Riqueza de fecundidad apostólica

Queridas Hermanas contemplativas, ¿qué sería de la Iglesia sin vosotras y sin cuantos viven en las periferias de lo humano y actúan en la vanguardia de la evangelización?”[7]. Como escribía san Pablo VI: “Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia  de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar… La Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar mediante el testimonio… A través de este testimonio sin palabras, estos cristianos hacen plantearse, a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Por qué viven de esta manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira?”[8]. De hecho, esa preocupación ha estado siempre muy presente en el magisterio de la Iglesia, buscando que nuestras iglesias sean iglesias misioneras, evangelizadoras, “iglesias en misión”. El gran reto que nos plantea la tarea misionera, tal como nos sugiere el lema de esta Jornada, apela al compromiso de nuestra vida y de  nuestra fe. Nos urge estar más atentos a la llamada misionera que a la llamada geográfica: olvidándonos quizá de la tierra que todavía está por evangelizar dentro de nosotros. No nos engañemos: no se puede improvisar la experiencia ad extra con espíritu más o menos aventurero, sin antes haber pasado por la realidad interior de nuestras propias periferias personales, donde también dejamos crecer la cizaña o las zarzas que impiden que la Palabra eche raíces. Como tales periferias podríamos señalar, ¡y son  páginas del Evangelio todavía inéditas para nosotros!, las áreas de nuestro corazón y de nuestra vida no evangelizadas, los espacios y tiempos que negamos, que no aceptamos, y en los que estamos… El papa Francisco os llama a ser “antorchas que acompañan el camino de los hombres y de las mujeres en la noche oscura del tiempo… Con vuestra vida transfigurada y con palabras sencillas, rumiadas en el silencio, indicadnos a Aquel que es camino, verdad y vida”[9].

Agradeciendo vuestra presencia y pertenencia a la Diócesis, os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Vultum Dei quaerere, 5.

[2] Ibid., 6.

[3] Ibid., 16.

[4] Ibid., 17.

[5] Esta expresión proveniente del mundo de la sicología y la pedagogía trata de explicar los trastornos que sufren los adolescentes y los jóvenes en sus procesos de crecimiento y aprendizaje. Según los especialistas, esta patología hace que sea muy difícil prestar atención, controlar los impulsos y concentrarse en una tarea.

[6] FRANCISCO, Vultum…, 16.  

[7] Ibid., 6.

[8] PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 14 y 21.

[9] FRANCISCO, Vultum…, 6.

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