Cocina Económica: la “caridad en salida”

Un año después de la inauguración de las nuevas instalaciones de la Cocina Económica, esta institución centenaria de la ciudad de Santiago de Compostela sigue siendo un referente de la “caridad en salida” de la Iglesia diocesana. Sor Esther Seoane, responsable de esta entrañable obra social, recuerda que el trabajo no es sólo dar desayuno, comida y cena a las personas que se acercan a la institución, sino “la tarea de acompañamiento que hacemos con ellos, las intervenciones sociales que promovemos, el apoyo laboral que les prestamos, el diálogo que entablamos con todos”.

Aunque las cifras impresionan (se sirven todos los días entre 40/45 desayunos; 150/160 comidas; y 90/100 cenas), más impresiona el compromiso de la ciudad con la Cocina Económica. Sor Esther recuerda el esfuerzo y la dedicación de los 35 voluntarios, entre hombres y mujeres, que atienden a todas las personas necesitadas. “Hay gente joven, universitarios, jubilados”, explica la religiosa de las Hijas de la Caridad, “y para muchos de ellos hay una dimensión terapéutica en su propia vida con esta tarea que prestan”.

Las personas que acuden a la Cocina Económica rondan, como media, los 40 a 45 años. Algunos son transeúntes, otros están ya asentados en la ciudad. Todos ellos pueden disfrutar también del Centro de Día, que utilizan una treintena de personas diariamente. Es allí donde el acompañamiento encuentra su espacio privilegiado, ofreciéndose, también, una serie de actividades culturales. “Ya hemos visitado con ellos las cubiertas y el museo de la Catedral, hemos realizado visitas a distintos lugares de Santiago y hacemos excursiones”, explica sor Esther Seoane, que lleva ya siete largos años al frente de la Cocina Económica.

Por la Cocina Económica pasan, además, grupos escolares y chavales de distintas parroquias o de organizaciones juveniles, porque “es importante que vean la obra de caridad que hace la Iglesia”, afirma sor Esther.

La capacidad de la Cocina Económica, tras las obras que finalizaron ahora hace un año, se ha ampliado en 56 nuevas plazas hasta 162 (126 en el comedor principal y 16 y 20 en dos auxiliares). Aunque la labor de la Cocina Económica no ha dejado de ser necesaria durante los últimos 125 años, desde 2008 pasó a ser incluso más importante. A los asistentes habituales se les sumaron las personas que empezaron a pasar dificultades a raíz de la crisis, llegando a un máximo histórico en 2014: 104.539 servicios a lo largo del año. Por un precio simbólico (0,20 euros el desayuno, 0,80 la comida y 0,50 la cena) la Cocina Económica ofrece una alimentación nutritiva. El precio de las comidas cubre tan solo el 10 % de su coste. La financiación de la institución, que manejó un presupuesto de 460.000 euros el pasado año 2015, parte de donativos individuales (el 74%) y de ayudas públicas (26%).

En la inauguración de las nuevas instalaciones, hace ahora un año coincidiendo con el 125 aniversario de su institución, el arzobispo monseñor Barrio dijo que “en la historia de esta casa están sin duda connotados muchos esfuerzos, inquietudes y preocupaciones de no pocas personas, que han ido entregando su vida en un servicio desinteresado a los más desfavorecidos, y de instituciones sensibles a los pobres, afirmando la realidad de una cultura del encuentro y de la hospitalidad. Para todas ellas, personal de la casa, socios, voluntarios, mi generoso agradecimiento, con una referencia especial entre todas ellas a mi predecesor el Cardenal José María Martín de Herrera, a las Hijas de la Caridad y a la Junta directiva de esta Institución”.

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