“Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes”. La principal manifestación de la Iglesia tiene lugar en la participación plena y activa de todo el pueblo santo de Dios de manera especial en la Eucaristía.  Es Cristo quien “nos reúne en la gran comunidad de la Iglesia” de todo tiempo y lugar.

Como Jacob también nosotros podemos decir: “Ciertamente está Dios en este lugar y yo no lo sabía. No es sino la casa de Dios y la puerta de los cielos”. Es verdad que Dios no está circunscrito a los límites del espacio y del tiempo, pero el Dios de la Alianza quiso habitar en medio de su pueblo: puso su morada en el monte santo, Jerusalén, porque su alegría era habitar en medio de los hombres. “El Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros”.

El templo que hoy tenemos el gozo de dedicar al culto divino, es una expresión humilde   pero gozosa de alabanza a Dios y del sentido de la vida eterna que debe estar presente en nuestra vida. Este templo manifiesta la unión de fuerzas y esfuerzos, trabajos y colaboraciones para ofrecer a Dios una digna morada entre los hombres en la que se invoque su nombre y se implore su misericordia, aspirando a los bienes del cielo y viviendo el compromiso cristiano en medio de las realidades terrenas. Nos unimos a esta comunidad parroquial de San José del Milladoiro a la que felicitamos cordialmente, agradeciendo a todas las personas e instituciones, que de una u otra manera han contribuido a la construcción de este complejo parroquial, al Arquitecto, al Aparejador, a los trabajadores de la Empresa constructora, a los feligreses de esta parroquia, con una mención especial a los sacerdotes del Equipo sacerdotal bajo la moderación de D. José Manuel, cuyos desvelos y preocupaciones no han sido pocos. No han faltado dificultades pero éstas resaltan más la dedicación y generosidad de las personas afectadas por las mismas. Damos gracias a Dios porque este lugar será “Tienda de encuentro”, casa de oración, de alabanza y de súplica, de culto y de adoración, de gracia y de santificación.

Pero “la comunidad viva es más sagrada que el templo material que consagramos”. Y para construir este templo vivo, espiritual, que sois los que formáis esta comunidad parroquial, es necesaria la oración constante, vivir todas las posibilidades que nos ofrecen la liturgia, la catequesis y las múltiples actividades pastorales, caritativas, misioneras y culturales que mantendrán siempre “joven” a esta parroquia. Nos hemos preocupado por el edificio material pero mayor ha sido y seguirá siendo la promoción del templo de las personas, queridos diocesanos, templo que se apoya sobre Jesucristo, “la única e indefectible roca sobre la que se fundamenta nuestra fe, sobre la que se construye esta parroquia. Y encontramos a Jesús en la escucha de las Sagradas Escrituras; está presente y se hace alimento nuestro en la Eucaristía, vive en la comunidad parroquial”. Nosotros, como hijos de Dios por el Bautismo, somos como “piedras vivas” que entramos en la construcción del Templo del Espíritu para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo que es “la piedra angular, escogida y preciosa”. No dañéis ese Templo, que sois vosotros. Cuidad la comunión en todo: en el sentir y en el obrar.

En esta clave interpretamos el sentido y el significado profundo de esta celebración, mirando al templo y contemplando a la Iglesia que es misterio, comunión y misión. En la Pila bautismal descubrimos el seno mismo de la Iglesia, Virgen y Madre que alumbra la vida de Dios en el corazón de sus hijos. El altar es signo de Cristo en el acto supremo de la redención. El Confesionario es la puerta en la que nos espera siempre el perdón y la misericordia de Dios. El sagrario es la referencia de la presencia real y verdadera de Cristo. ¡No os canséis de adorarlo!

Nos acogemos al amparo de San José, patrono de esta comunidad parroquial. Él encarna el valor evangélico de la paternidad con esa solicitud permanente por la familia no sólo en las cosas materiales sino también en la sanidad mental y moral. Son patentes en él su bondad, ternura y longanimidad. Los padres han de ser testimonio de una bondad fuerte y de una fortaleza buena para poder ejercer la autoridad sin suscitar miedos en los miembros de la familia.

Ao adicar este Templo encomendámosnos tamén á Nosa Nai María, exemplo de seguimento de Xesús e a abogada de graza. Baixo o seu amparo acollémonos. Ela anímanos a realizar a misión que nos foi confiada para gloria de Deus. Celebrando esta Eucaristía con ledicia proclamamos co salmista: “Que desexables son as túas moradas, Señor dos Exércitos. Ditoso o que habita na túa casa: e canta sempre as túas loubanzas. Porque máis que mil vale un día nos teus atrios e prefiro estar no limiar da Casa de Deus a morar nas tendas do impío”. Amén.