Día de la Mujer

“Muchas cosas, decía Fray Luis de León, se han escrito en loor del trabajo y todo es poco para el bien que hay en él, porque es la sal que preserva de la corrupción a nuestra vida y a nuestra alma”. Este pensamiento lo expresaba de manera más tajante Rilke cuando escribía: “Trabajar es vivir sin morir”. Más allá de esta realidad, desde la luz del Evangelio en este Día Internacional de la Mujer quiero compartir las justas reivindicaciones de sus derechos, y al mismo tiempo celebrar las conquistas ya logradas.

En los Proverbios leemos: “Una mujer fuerte, ¿Quién la hallará? Supera el valor de las perlas” (Prov. 31, 10). Sin duda la mujer con su talento y trabajo está contribuyendo a una sociedad más humanizada. Son evidentes los gestos cotidianos, admirables por otra parte, en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias.

El respeto a la dignidad de la mujer es la condición indispensable para superar toda discriminación a partir de la firme convicción de que hombre y mujer son iguales en dignidad. La tarea de una mujer en esa misión de transmitir valores y creencias en el seno de la familia o de la sociedad es de un inmenso valor. Decía Comte-Sponville: “Lo importante tiene un alto precio, ¡es carísimo!; lo esencial no tiene precio. Si olvidas lo esencial, caes en la barbarie. Y si olvidas lo importante, caes en el angelismo”. Estaríamos en el ámbito de lo esencial. “La Iglesia –escribe el papa Francisco– reconoce el indispensable aporte de la mujer en la sociedad, con una sensibilidad, una intuición y unas capacidades peculiares que suelen ser más propias de las mujeres que de los varones. Por ejemplo, la especial atención femenina hacia los otros, que se expresa de un modo particular, aunque no exclusivo, en la maternidad”. Reconociendo que muchas mujeres comparten ya responsabilidades pastorales junto con los sacerdotes y los obispos, subraya que “todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia. Porque el genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social; por ello, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral y en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes, tanto en la Iglesia como en las estructuras sociales” (EG 103).

La identidad y el papel de la mujer han conocido últimamente cambios notables en su participación en la sociedad actual. Aun así, año tras año, los informes de Cáritas sobre la pobreza nos ofrecen la situación de la realidad femenina: mayor paro entre las mujeres; jóvenes obligadas a dejar en edad temprana sus estudios; dificultades mayores para acceder a puestos de trabajo; imposibilidad de conciliar la vida familiar y laboral; cuando no lamentables situaciones de violencia o de abusos que escandalizan, exigen justicia y necesitan sanación

Deseo que esta jornada nos conciencie más en el compromiso de defender la dignidad de la mujer, algo esencial e inherente al mensaje del Evangelio y a la enseñanza de la doctrina social de la Iglesia.

Mons. Julián Barrio
Arzobispo de Santiago

Artículo publicado en El Correo Gallego (8 de marzo de 2019)

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