Domingos en Blanco: Corpus Christi

Mundo submarino

Contaba Eugenio, con su “aquel que diu” tan catalán, una discusión de taberna en la cual los clientes se preguntaban por qué los buceadores se lanzaban de espaldas al mar. La conclusión pedía a gritos un doctorado en Harvard: “porque si se tiraran de frente se caerían dentro del barco…”

A lo que voy: una vez debajo del agua, se descubre un mundo mágico, distinto, precioso. El capitán Cousteau nunca se cansó de mostrarlo. En el norte arriesgamos oídos y gargantas ante el frío subacuático; pero eso no ha impedido que saludemos a los peces, sorteemos rocas y descubramos tesoros de plástico, algas y conchas.

Recuerdo mis primeras “gafotas” submarinas de vista “panorámica” (odiaba las pequeñas, las de piscina). ¡Qué difícil resultaba hundirse al principio! O conservar todo el aire, o soltar parte de él para pegarse al fondo del mar. Bucear después de leer a Julio Verne, Enid Blyton o Tintín … ¡qué bárbaro! La imaginación se desbocaba.

La Eucaristía nos sumerge en otro mundo. Sobrenatural. De Amor. De paz y silencio. De inconformismo con el mal y la miseria. De perdón y reparación. De solidaridad y Cáritas. De restaurar el modelo del mundo tal y como Dios lo pensó: estilo “Jesús”. Eso no existe en la superficie; pero lo necesitamos más que el aire.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social

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