El misionero Andrés Díaz de Rábago pronuncia el Pregón del Domund

  • En el acto estaban presentes el arzobispo, monseñor Barrio, y su obispo auxiliar

El jesuita Andrés Díaz de Rábago, misionero de 102 años de edad, pronunció en la tarde de este viernes 18 de octubre el Pregón del Domund. «Es un joven que no para un minuto», indicó en la presentación del pregonero David Álvarez, delegado de Misiones y responsable de Obras Misionales Pontificias en nuestra Archidiócesis. El padre Díaz de Rábago aludió en su pregón al lema del Domund de este año, «Bautizados y enviados», asegurando que por el Bautismo «todos somos misioneros».

El Pregón se celebró en la iglesia parroquial de Santa María Salomé y en el acto estaban presentes el arzobispo, monseñor Julián Barrio, y su obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández González. También participó en este encuentro Adelino Álvarez, responsable  de Misiones en la Diócesis de Ourense y coordinador de esta materia en la Provincia Eclesiástica de Santiago.

David Álvarez en la presentación de Andrés Díaz de Rábago recordó que había nacido en Pobra do Caramiñal y aludió a su «labor intensa» como misionero desde 1947 en China y en otros países dr Extremo Oriente.

Por su parte, el misionero jesuita, que hizo gala de una prodigiosa memoria y un excelente buen humor, repasó su trayectoria en Pekín, Sanghai, Filipinas, Timor y Taiwán. Explicó que el lema de este año, «Bautizados y enviados», nos debía recordar nuestro Bautismo, gracias al cual y a través del agua y el símbolo de la luz nos insertamos en Cristo resucitado y somos enviados a anunciarle. «Todos somos misioneros por el Bautismo», explicó.

Andrés Díaz de Rábago, en un gesto emocionado y emocionante, mostró a los asistentes al Pregón su crucifijo, «que me ha acompañado siempre desde el año 1942», para expresar que desde aquella fecha él había sido «enviado». El misionero manifestó que Cristo «siempre ha estado conmigo», para indicar a continuación que «el problema es si nosotros hemos estado con Él».

Andrés Díaz de Rábago aseguró, citando a San Pablo, que lo más importante de ser misionero «es la oración», la propia y la oración por los misioneros. El sacerdote jesuita pidió a todos que se dejasen interpelar por el lema, «para que este Domund nos diga algo a todos».

El acto, que estuvo amenizado por varias interpretaciones musicales finalizó con la intervención de Adelino Álvarez, quien habló sobre el origen y el significado del Domund, y con el rezo de la oración del Domund y la bendición del arzobispo, monseñor Barrio.

 

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