El obispo auxiliar presidió en Seavia la Eucaristía en honor de Sor Isabel Remuiñán, beata y mártir de la persecución religiosa

El obispo auxiliar de Santiago, monseñor Jesús Fernández González, presidió este domingo día 10 de noviembre en Seavia, en Coristanco,  una Misa Solemne en honor de la mártir de la persecución religiosa en España en 1936, y ya Beata, sor Isabel Remuiñán, religiosa de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. En la ceremonia eucarística, además, se descubrió y bendijo una imagen que la representa.

En su homilía, monseñor Fernández recordó los rasgos más importantes de la vida de la beata y mártir, su vocación religiosa y su enfermedad, y dijo que su momento “definitivo, en el que llevó hasta el extremo su consagración a Dios fue el del martirio. En marzo del 1936 ingresa en el Hospital correspondiente en la capital de España creyendo que podría permanecer allí como una enferma más, pero tiene que salir y refugiarse, junto con otras religiosas, en el piso que los Superiores habían dispuesto en la calle Arenal. Los sucesivos registros hacen que intente de nuevo volver al hospital pero, en el camino es reconocida, detenida y asesinada. Era el 5 de agosto de ese mismo año. En el Acta judicial del levantamiento del cadáver se certifica su muerte “por disparo de arma de fuego” y se establece que se le dé sepultura en el cementerio de la villa. Su sepultura, sin embargo, permanece en lugar desconocido”.

El obispo auxiliar comentó, también, que “a Beata Isabel es una más de todas aquellas personas que “han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero” y que “están ante el trono de Dios, dándole culto día y noche en su templo”. Dejado atrás el tormento, la persecución, la muerte, ahora son apacentadas y conducidas hacia fuentes de aguas vivas por Jesucristo, el Buen Pastor”.

La Eucaristía congregó a numerosas personas y ante ellas el obispo auxiliar compostelano explicó que “sor Isabel no disparó ningún arma, no pertenecía a ningún partido político ni hacía política, no enfrentó a sus compatriotas, no lavó el cerebro a nadie. Entonces, ¿cuál fue su delito? Sencillamente ser una consagrada católica; con otras palabras: amar a todos, y especialmente a los pobres, y perdonar. Hoy, pues, una vez más, damos gracias al Señor por su gran amor correspondido fielmente por nuestra Beata”. Monseñor Fernández aludió, además, al mensaje que deja el testimonio de su martirio, a la llamada que Dios nos hace a todos a la santidad, así como a la consecución de la paz. “Esforcémonos en generar una cultura de la reconciliación y del encuentro, denunciando a los que tratan de envenenar las relaciones entre las personas, los grupos humanos y los pueblos”, explicó el obispo auxiliar.

La talla bendecida ayer por el obispo auxiliar ha sido elaborada por el taller Arte Granda de Madrid y se ha colocado en un lateral del retablo principal del templo.

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