Homilía de mons. Barrio en la Eucaristía en la que el seminarista Francisco Lampón fue ordenado diácono

“Desbordo de gozo con el Señor. Me alegro, mi Dios”. Mi saludo y felicitación cordial a ti, querido ordenando, a tu familia y a tus amigos y conocidos. Mi gratitud al Sr. Rector, Formadores, Profesores, Sacerdotes, Miembros de Vida Consagrada y Laicos que te han acompañado con el testimonio de su fe, con la ciencia de sus conocimientos y con la bondad de su virtud.

En oración, ordenaré esta tarde a Francisco de diácono, llamado a servir a la Iglesia y dar gloria a Dios. La liturgia nos motiva a vivir la alegría que debemos transmitir. ¡Alegraos! La verdadera alegría en la vida es Jesús que viene a iluminar a los que estaban en medio de las tinieblas de la muerte para envolverlos en su luz maravillosa. El Sol que nace de lo alto, ilumina a la Iglesia, al mundo, a las familias, a los  jóvenes, a los seminaristas y sacerdotes “para que descubran o redescubran la hermosura de la vocación de entrega alegre y gozosa al Señor en el celibato por el Reino de los cielos, y no busquen otras compensaciones mundanas, que nunca les harán felices por llevar una vida doble y no acorde a su consagración a Dios en santidad de vida”. Ilumina también a los ancianos, a los pobres y desfavorecidos, para que esa Luz de Cristo entre en los corazones de todos los que puedan socorrerles material, espiritual, moral y psicológicamente.

Dios no está lejos de nuestro fondo más íntimo. Tiene la llave de nuestra intimidad más secreta. El viene a liberarnos de las cadenas a las que tal vez nuestra alma está atada, no pudiendo relacionarse en la oración humilde con el Dios de la Salvación; de los miedos que nos paralizan y no nos dejan descubrir que ese Salvador es Padre y amigo de camino hacia la eternidad; de las tristezas que nos impiden sonreír al experimentar la ternura de Dios; de las falsas expectativas, ilusiones y guiños que nos hace este mundo y nuestros sueños fatuos, que nos pintan el seguimiento de Cristo como un camino de rosas, de éxitos y reconocimientos, cuando en realidad sabemos que debemos seguirle por un sendero de cruz y de esfuerzo, pero con Él a nuestro lado.

Quien es consciente de esto puede como el Bautista  ser testigo de la luz de Dios y a la vez negar rotundamente que él sea la luz. Cuanto más se acerca el hombre a Dios para dar testimonio de él, tanto más claramente ve la distancia que existe entre Dios y la criatura. El Bautista al que se le pregunta con qué autoridad bautiza, aclara sin dudarlo: “Yo bautizo con agua, pero aquel del que doy testimonio bautizará con el Espíritu Santo; y aunque Jesús le considerará como el mayor de los profetas, él se siente indigno de desatar la correa de su sandalia. Me recuerda lo que decía San Agustín: “Tú puedes llamarme amigo, pero yo me considero siervo”.

Querido Francisco, vas a recibir el ministerio diaconal que configura tu estilo de vida en la imitación a  Cristo, el siervo humilde y paciente que toma sobre si mismo el pecado y la miseria humana, y que vino a servir y no a ser servido. Tu misión es proclamar la Palabra de Dios y ser ministro de la caridad, viviendo la castidad en el celibato, valor inestimable para la adecuada relación pastoral con los fieles, que debe basarse en la responsabilidad del ministerio. El Señor te confiere una misión acompañada de su gracia para realizarla, y te compromete a ayudar a los demás, pues puedes estar seguro de muchos sufren fatigas más duras que las tuyos. Dedica tiempo y habla con quienes se sienten marginados y no encuentran sentido a su vida. Y no pongas en las espaldas de los otros tus sacos de disgustos, rebeldías y enfados, más bien déjate cargar con las penas y dolores de los demás. No esperes que los que necesitan tu ayuda vengan a ti, sal tú a su encuentro. Para eso es necesario estar mirando a Cristo y a los demás y no a ti mismo. Sé en todo momento profeta de la buena noticia. Queridos laicos y miembros de Vida consagrada, dad gracias a Dios por quienes se han sentido llamados al sacerdocio que es un bien para la Iglesia y para la sociedad. Pedid cada día que seamos pastores según el corazón de Dios.

Co patrocinio do apóstolo Santiago e a intercesión de Nosa Nai María, encoméndote a ti e ao teu ministerio, pedindo que o Señor te axude a servir á Igrexa que traballa no mundo para a salvación da humanidade. Amén.

 

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