Homilía de Mons. Barrio en la eucaristía por los 25 años de Violetas

Queridos d. José María y sacerdotes concelebrantes, querido señor director de Cáritas diocesana, señora directora de Cáritas interparroquial de A Coruña, personas que trabajáis en Cáritas (hoy quiero hacer una referencia especial para quienes estáis en el día a día en el centro Violetas, un centro de formación y de empleo). Queridos diocesanos, hermanos y hermanas en el Señor.

Ni que decir tiene que para mí es hoy muy gratificante estar aquí con todos vosotros, y hacerlo en torno al altar de Dios. Dios que siempre es fuente de gozo y de alegría. Os saludo a todos con cordial afecto, manifestando mis mejores deseos para cada uno de vosotros personalmente y para todas aquellas personas que hoy, yo estoy seguro, que traéis no sólo en vuestra mente sino también en vuestro corazón. Para todos pido al Señor que Él os siga bendiciendo.

Es una jornada que para mí tiene una relevancia especial. Es la jornada del Día de los pobres, con los pobres y en los pobres. Y dentro de este contexto hemos bendecido esta mañana la nueva instalación o reestructuración de Cáritas interparroquial de A Coruña. Y ahora estamos pensando en el centro Violetas en este 25 aniversario. Yo estoy seguro que son muchos los motivos para dar gracias a Dios al celebrar este 25 aniversario de este centro tan significativo, no sólo para nuestra ciudad, sino también para nuestra diócesis. Realmente es esa preocupación de salir siempre al encuentro de los demás. No sé si podremos solucionar todos los problemas. Seguramente que todos no los podamos solucionar. Pero eso no puede ser nunca excusa para que nos crucemos de brazos y no hacer nada. Por eso yo tengo que agradecer mucho a quienes, de una u otra manera, estáis contribuyendo a esta realidad.

Los pobres los tendréis siempre con vosotros, dice Jesús. ¿Y quién no es pobre? Porque a veces sólo nos fijamos en esa pobreza material, a la que tenemos que salir al encuentro. Pero hay también otra serie de pobrezas. San Juan Pablo II hablaba de las nuevas pobrezas, que a veces nos pasan desapercibidas y que están afectando a tantas personas. Y Cáritas, o lo que es lo mismo, el amor de Dios, tiene que estar muy presente en cada uno de nosotros para tratar de vivirlo en relación a los demás. Este es el sentido de esta jornada. La de los pobres, la jornada con los pobres. Y la jornada EN los pobres, que para nosotros, hemos de decirlo, son un espejo en el que hemos de mirarnos.

¿Por qué a veces, cuando tratamos con los pobres, con los sin techo, con aquellas personas que, de una u otra manera está marginadas en nuestra sociedad, nuestra tendencia es mirar para otro lado? En el fondo no queremos vernos reflejados en ellos. Y sin embargo, ellos para nosotros son como esa realidad que nos indica que lo que en ellos vemos de necesidad también se refleja en nosotros. Por eso no podemos estar ajenos a estas circunstancias y a estas realidades.

Hoy, la Palabra de Dios, que tiene que iluminarnos constantemente en nuestro proceder, en nuestro peregrinar, nos habla de esa realidad final. Los finales siempre nos estremecen. Hoy se nos habla del final de la historia. A los niños yo les diría, es como la guerra de las galaxias, que vemos que se destruye todo. NO, no es ese el sentido de las palabras de Jesús. Nos indican más bien que tenemos que vivir en actitud de vigilancia y fidelidad. El fin del mundo para cada uno de nosotros nos llega en esa definitiva llamada que el Señor nos haga. Y por eso se nos hace esta llamada a la vigilancia y a la fidelidad.

¿Quién es el hombre vigilante? Es aquel que no se cansa de hacer el bien. Jesús pasó su vida haciendo el bien. Nosotros, como discípulos de Jesús, estamos llamados a hacer el bien. Me llamaron siempre la atención aquellas palabras de san Francisco de Asís cuando se estaba muriendo, rodeado por todos los hermanos franciscanos. Y san Francisco les dice: “mirad, como diciendo aquí estáis perdiendo el tiempo. Tratad de ir a hacer el bien”. Es decir, la actitud vigilante es aquella que nos lleva en todo momento a aprovechar este tiempo, que el Señor pone a nuestra disposición para hacer el bien. Y obras son amores y no buenas razones.

Es verdad que a veces esto lo vemos intelectualmente con mucha claridad. Nos cuesta ya más vivirlo en la vida de cada día. Pero ahí es donde debemos estar. El hombre vigilante, la persona vigilante. Cualquier momento es bueno para hacer el bien. No deberíamos desaprovechar ni siquiera un segundo de nuestra vida. Porque es lo que le da sentido. Y es donde encontramos la paz y la serenidad con la que tenemos que vivir nuestra vida.

¿Quién es la persona fiel? Es aquella que en todo momento trata de hacer el bien. Sabiendo que en su momento vamos a cosechar más de lo que podemos esperar. Porque el único rico es Dios, y es rico en bondad, en generosidad y en misericordia. Y evidentemente no dejará sin recompensa ni siquiera un vaso de agua que demos a los demás. Mucho menos van a quedar sin recompensa muchos sacrificios que hacemos para servir a los demás. Porque, como acabamos de rezar en la oración de entrada, en servirte a Ti, Dios verdadero, consiste precisamente nuestra felicidad.

A Dios lo servimos en los demás. No podemos olvidar nunca esta realidad. Dios quiere ejercer su providencia a través de nosotros. Esto es un gran logro, pero es una gran responsabilidad a la que tenemos que tratar de responder en la vida de cada día. Y esto yo creo, y me siento muy orgulloso, lo están haciendo Cáritas y las instituciones que están, por así decirlo, bajo su paraguas. Y quiero agradecerlo también a tantas personas que estáis colaborando. Porque en definitiva, solo así podemos hacer visible el amor de Dios en medio de nosotros. Hoy está muy de moda decir tenemos que hacer visibles a los pobres, tener que hacer visibles a tantas personas que parece que están desaparecidas en nuestra sociedad, y sin embargo tienen tanta dignidad como  aquellos que, por lo que sea, no estamos tan desaparecidos en nuestra sociedad.

Este es el camino que tenemos que seguir. Porque el cielo y la tierra pasarán. Pero las palabras del Señor van a seguir siendo referente para todos y cada uno de nosotros. Por eso, hoy doy gracias a Dios por teneros a vosotros. Por tener a tantas personas que están ahí colaborando en una institución tan entrañable como Cáritas. Y también quiero daros gracias a vosotros que, de una u otra forma, estáis en el día a día, sin ser noticia, tal vez anónimamente, estáis contribuyendo a que tantas personas se hagan visibles en nuestra sociedad y se hagan visibles en la Iglesia. Y esto es lo que le pedimos al Señor para que cuando los veamos, seamos capaces de mirarlos con la mirada del corazón y no volvamos la cabeza a otro lado. Así estaremos construyendo el Reino de Dios y estaremos colaborando a una sociedad en justicia y en paz. Por eso hoy doy gracias a Dios con todos vosotros. Porque su bondad y su misericordia llegan más allá de lo que nosotros podemos imaginarnos. Amén.

Versión en galego