Homilía de mons. Barrio en la Solemnidad del Corpus Christi

“Cantad a Dios, tocad en su honor.  Alegraos en su presencia”. Con gozo y memoria agradecida la Iglesia proclama en esta solemnidad su fe en la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía, suplica a quien intercede por nosotros, se postra en adoración humilde y da gracias por su amor. Manifestamos: ¡Este es el misterio de nuestra fe! Con la conciencia de que necesitamos vivir la comunión con Cristo, sabiendo que vivir por Cristo significa desvivirse para los demás.

En el desierto de nuestra existencia se nos dice: “Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer para enseñarte que no sólo de pan   vive el hombre sino de todo cuanto sale de la boca de Dios”. El pueblo de Israel está a punto  de morir de hambre y sed. Dios les envía el maná. Sólo en un sequedal sin gota de agua, donde el hombre no puede encontrar nada, Dios sale al encuentro. “Sin Dios el hombre no sabe dónde ir ni tampoco logra entender  quien es”[1].

Después del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús anuncia que “el pan que yo  os daré es mi carne”. Esto suscitó en la gente una pregunta inmediata: “¿Cómo puede este darnos a comer su carne?”. Ante esta revelación del Señor algunos discípulos dejaron de seguirle. Otros como el apóstol Pedro manifestarán: “A quien iremos, Señor. Tú tienes palabras de vida eterna”. Jesús les dirá: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros… El que come mi  carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”, entregando la vida hasta la muerte en espera de la resurrección.

La Eucaristía, “pan de vida con sabor de eternidad”, es aliento en nuestras tristezas. Es la revelación del amor infinito de Dios. “No seríamos discípulos de Jesús, ni la Iglesia podría presentarse como su Iglesia, si no reconociéramos en el ejercicio y en el servicio de la caridad la norma suprema de nuestra vida”[2]. Jesús camina con nosotros, nos ayuda, nos guía, nos sostiene en las dificultades. Queridos niños y niñas que hacéis la Primera Comunión: Jesús en la Eucaristía viene hoy a vuestro corazón. ¡Recordad  siempre este día y el entusiasmo con que venís a recibirlo por primera vez! Participad con frecuencia en la Eucaristía y agradeced esta presencia real y verdadera de Jesús visitándole en el sagrario.

En las calles de nuestra existencia nos encontramos con los necesitados, material y espiritualmente, que denuncian el egoísmo y la indiferencia. Cuando no se respeta la justicia y no se vive la caridad, nos evadimos en auto-justificaciones. Alimentarnos de la Eucaristía nos compromete a aceptarnos y comprendernos, perdonarnos y amarnos, construyendo un mundo más justo, solidario y fraterno. La Eucaristía tiene como finalidad última la unión de los cristianos con Cristo y entre sí. “El Cuerpo de Cristo, partido en la sagrada liturgia, se deja encontrar por la caridad compartida en los rostros y en las personas de los hermanos y hermanas más débiles. Son siempre actuales las palabras del santo Obispo Crisóstomo: “Si queréis honrar el cuerpo de Cristo, no lo despreciéis cuando está desnudo; no honréis al Cristo eucarístico con ornamentos de seda, mientras que fuera del templo descuidáis a ese otro Cristo que sufre por frío y desnudez” (Hom. in Matthaeum, 50,3: PG).

San Pablo nos dice: “El pan que partimos ¿no es comunión en el cuerpo de Cristo? El Pan es uno, y así nosotros aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque comemos todos del mismo Pan”. “Así la Eucaristía, mientras que nos une a Cristo, nos abre a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos una sola cosa en Él”[3]. El cristiano, “participando en el sacrificio de la cruz de Cristo, comulga con el amor de donación de Cristo y se capacita y se compromete a vivir la misma caridad  en todas sus actitudes y comportamientos de vida”.

Os que viven en comuñón con Cristo han de facelo presente e operante en medio dos homes. O noso estilo de vida ha de significarse pola gratitude y a gratuidade. Na Eucaristía encontramos a raíz de toda a acción caritativa e social e a forza para motivala e sostela na nosa existencia. A nosa vitalidade cristiá depende da Eucaristía e está esencialmente vinculada a ela de tal forma que sen vida eucarística non pode haber senón aparencias ou convencionalismos de vida cristiá. A procesión dos crentes xunto ao Santísimo manifesta simbolicamente a nosa existencia de peregrinos cara á casa do Pai, sentindo a presenza de Cristo que está connosco ata o fin dos tempos. Felices os convidados ao banquete do Señor! Iluminados pola Palabra e fortalecidos pola Eucaristía, proclamemos a verdade, realicemos o ben e admiremos a beleza do Evanxeo na nosa cidade, na nosa diocese e non noso mundo. Amén.

 

[1] Caritas in veritate, 78.
[2] CEE, Orientaciones morales ante la situación actual de España. Instrucción pastoral, 23 de noviembre de 2006, 78.
[3] BENEDICTO XVI, Homilía en la solemnidad del Corpus Christi, 23 de junio de 2011.

 

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