Homilía en la fiesta de la Sagrada Familia 2019

Agradezco vuestra participación en esta Eucaristía en la que damos gracias a Dios por las familias de la Diócesis y pedimos de manera especial por las que están pasando momentos difíciles. Os saludo con cordial afecto.

Ser familia y actuar en familia implica gestar día a día la acogida en la convivencia, abrir las puertas al perdón y a la reconciliación y dignificar la vida, caminando hacia la santidad. La vida familiar con sus alegrías y sufrimientos, sus sorpresas y rutinas, está bendecida por Dios. La familia cristiana donde la libertad crece en la verdad, ha de reflejar el rostro bondadoso de Dios, descubriendo la esperanza basada en su amor incondicionado por el hombre[1].

Jesús, nacido en Belén, tiene una familia humana, modelo para todas las familias. Ver la familia desde Dios es lo que nos propone la primera lectura, recordando que debemos honrar, respetar y cuidar a los padres. Honrar no es sólo acatar su autoridad sino procurarles lo que necesitan cuando no puedan ya conseguirlo por sí mismos, dadas su fragilidad y debilidad. Los padres son dignos de atención y merecen un trato esmerado. Los hijos no han de causarles tristezas, y han de cuidarles en la vejez.

El apóstol Pablo nos indica que del sentirnos perdonados por Dios, nace el perdón a los demás; de encontrar la paz en el Señor surgen los valores de una vida pacificada; de la escucha de la Palabra divina fluye una relación gozosa con Dios. Los miembros de la familia han de revestirse de misericordia, bondad, humildad, dulzura, paciencia y comprensión. Con amor, cercanía y fe se obtienen buenos frutos.

Vemos en el Evangelio que María y José viven unidos en la oración, la obediencia a Dios, el amor mutuo, el trabajo, el dolor y las pruebas. En las circunstancias difíciles y hostiles son necesarias la fortaleza y la unión en la familia. Todo un programa para las familias de hoy. Desde un primer momento la sagrada familia se ve sometida a la persecución. Jesús, fiel al plan de Dios Padre, va a ser perseguido, vislumbrando ya el misterio de la cruz. María y José comparten la persecución en sus desvelos y abnegación por el Niño Dios. No se alude a las dificultades que la huida a Egipto conlleva para José quien cumple la orden recibida: no importa que pierda su puesto de trabajo, tampoco se dice cómo pudo arreglárselas para ganar el pan de su familia en Egipto. Para hacernos una idea, basta que miremos a las familias emigrantes que están entre nosotros.  María y José están al servicio del Niño Dios que se ha tomado en serio hacerse hombre y ha asumido sus tradiciones, costumbres, creencias, cultura y valores.

Tamén hoxe hai familias que viven unidas na oración, no amor e na dor; teñen a Deus no centro e o amor como motivación; cren, esperan e aman. Outras experimentan o desacougo da separación e do divorcio coas dramáticas consecuencias para os fillos, vivindo coma se Deus non existise ou abrindo “a porta do corazón a sereas que o único que pretenden é esnaquizar a barca matrimonial e familiar”. Preséntansenos novas formas de vivir ás que hai que dar sentido e espiritualidade. Son os retos das nais solteiras, das unións libres, dos mozos evadidos no mundo das drogas, do alcol, do diñeiro fácil e dos grupos marxinais. Non poden pasarnos desapercibidas as circunstancias que levan ao aborto, acompañando e colaborando a evitar “esta estrutura de pecado contra a vida humana aínda non nada”.

Pidamos á Sagrada Familia buscar hoxe unha revitalizada espiritualidade que sosteña e dea esperanza ás familias. As nosas comunidades deben ser “un espazo de acollida, de comprensión, calidez e fraternidade”, sabendo que “cada home e muller que vén ao noso encontro é unha persoa, cos seus dereitos, coas súas necesidades e coa súa sede de amar e ser amada”.

Queridas familias cristiás, a comprensión é o bálsamo con que superaredes as tensións propias da vida familiar. As vosas casas han de ser fogares da luz que brillou en Belén e que necesita hoxe a nosa sociedade. Ás veces procurando que non falte de nada na familia, falta o amor. É necesario o voso testemuño, vivindo a fe de maneira gozosa e responsable, axudando ao necesitado e traballando pola paz. Anunciemos con gozo a beleza da familia. Nesta festa da Sagrada Familia, temos presentes a todas as familias da Diocese para que Deus Pai as colme de bendicións coa intercesión de Xesús, María e Xosé. Amén.

[1] Cf. Benedicto XVI, Spe salvi, 26-27.

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