Homilía de mons. Barrio en la Eucaristía con la que el ITC y el ISCCR daban comienzo al curso académico 2017-18

Al comenzar el nuevo curso académico pedimos la luz del Espíritu Santo, hacia el que “dirigen su mirada los que sienten necesidad de santificación. Luz de nuestra inteligencia, Él es quien ilumina nuestra razón natural para que conozca la verdad”. Necesitamos una renovada experiencia del Espíritu para revitalizar la vida espiritual y proclamar las bienaventuranzas ante un mundo en muchos aspectos cada vez más antievangélico.

Esta tarde contemplamos el momento concreto en el que vivimos y por el que damos gracias a Dios. Reafirmamos lo que Dios ha sido para nosotros y lo que ahora somos nosotros, haciendo una confesión de alabanza, de fe y de vida. Prometemos en esperanza tomar conciencia de que “la vida nunca está del todo hecha mientras nuestra libertad sigue abierta y Dios está por delante. Esta es la gloria del hombre que cuenta con su pasado y su futuro, pero no es víctima de ninguno de ellos. En el  presente recoge y analiza su pasado a la vez que anticipa y proyecta su futuro”. Decimos al Señor que ilumine su rostro sobre nosotros.

Pues, ¿quién de nosotros puede decir que no tiene una gota de fariseísmo en su sangre?, escribía Bernanos. En la Iglesia la palabra de la predicación debe preceder a la praxis: “¿Cómo van a creer si no oyen hablar de él?, y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?”. Acoger la palabra del Hijo de Dios nos lleva a participar de su misión. Por eso Pablo dice: “Así completo en mi carne los dolores de Cristo”, en quien se esconden todos los tesoros del saber y conocer. En el Evangelio vemos cómo la cerrazón legalista de los fariseos genera hostilidad hacia Jesús: “Estaban al acecho” pero realiza el milagro en la sinagoga, cátedra de la ley y la moral judaica. “Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús”. La actitud de Jesús es el diálogo: “Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿salvar a uno o dejarle morir?”. El silencio de los fariseos indica que no tienen respuesta. Su religión no es la de las personas y sus problemas espirituales y materiales sino la del cumplimiento de la ley, caiga quien caiga. Piensan que el hombre es para el sábado y no asumen la actitud de la misericordia. Sin el amor a Dios en Cristo y el amor cristiano efectivo al prójimo, no se supera el vacío antievangélico del legalismo farisaico. Ser cristiano, vivir en Cristo, dejarse vivir por Cristo es la vocación de identidad personal con Cristo y responsabilidad de identificación reveladora de Cristo en nosotros.

Las instituciones académicas diocesanas han de colaborar a erradicar todo tipo de fariseísmo y a entender el compromiso pastoral a través de la reflexión teológica y filosófica que es presupuesto y ayuda en el ejercicio de la misión eclesial, reconociendo que el quehacer teológico exige la fe, y “el verdadero conocimiento, que nunca es fruto de razonamientos asépticos, sino de una intuición contemplativa”. Reavivar la fe significa ver la realidad con una mirada teologal, y con la sabiduría,  don por el que cada cosa es medida en su verdad y consistencia, imitando la caridad de quien nos ha amado hasta la muerte. “La caridad es el descubrimiento cada vez más luminoso y más gozoso que la teología, por una lado, la piedad, por otro, van haciendo en la incesante meditación de los tesoros de la Escritura y los sacramentales, de los que la Iglesia es heredera, depositaria, maestra y dispensadora”[1]. Decía san Agustín, “cada uno posee el Espíritu en la medida en que ama a la Iglesia de Cristo”.

Queridos profesores e alumnos, buscade sempre a verdad e colaborade a comprensión do maxisterio da Igrexa, evitando as veleidades da condición humana. O rigor científico, a humildade e o entusiasmo han de ser as características da ensinanza e aprendizaxe (PDV 67). É preciso evanxelizar a nosa interioridade e seguir buscando a verdade para conseguir a sabedoría que consiste en coñecer con certeza a orixe de todas as verdades, que é Deus, e en afondar constantemente o sentido da verdade, base da xustiza, do respecto, da dignidade e da liberdade, para formar verdadeiros cristiáns que sexan homes de diálogo, rectos e servizais, para ser felices e facer felices os demais. A Palabra de Deus oriéntanos para que sexamos oleiros da caridade intelectual que sanda as feridas intelectuais, ofrecendo motivos de esperanza, recoñecendo con humildade o misterio de Deus e fiándose de El. Temos que unir a verdade coa caridade e o entendemento co amor. Baixo a mirada da Santísima Virxe María, Trono da Sabedoría, e co patrocinio do Apóstolo Santiago, comezamos este curso, confiándolles o traballo e a dispoñibilidade dos Formadores, Profesores, Alumnos e colaboradores nas nosas Institucións académicas e pedíndolles o gozo de vivir as dimensións profundas do traballo en atención a todas as necesidades da comunidade cristiá. Amén

 

[1] PABLO VI, Ecclesiam suam, nº 22.

 

Foto: Acto en el Aula Magna del ITC

Versión en galego