Agradezco vuestra participación en esta fiesta de la Sagrada Familia. En estos días navideños la familia suele reunirse, agradeciendo lo recibido en ella como espacio donde hemos crecido. “La familia es la patria del corazón”, decía G. Mazzini. Doy gracias a Dios por nuestras familias y pido que las siga bendiciendo, de manera especial a las que están pasando momentos difíciles. Saludo con afecto a los niños y a los jóvenes, a los adultos y a los ancianos sabiendo que la Iglesia es familia y que la familia es iglesia doméstica.

La familia está bendecida por Dios y ha experimentado a lo largo de estos últimos años transformaciones importantes. Respetar la singularidad de los  miembros y vivir en la unidad solidaria del amor como signo de la Nueva Alianza entre Dios y la familia humana ayuda a percibir la  cercanía o lejanía de cada familia al ideal cristiano.

Tener como centro a Dios es lo que nos propone la primera lectura, insistiendo en unas actitudes que se están olvidando como el honrar, el respetar y el cuidar a los padres. Honrar no es sólo acatar su autoridad sino procurarles lo que necesitan cuando no puedan ya conseguirlo por si mismos. El respeto a quienes nos lo han dado todo ha de durar toda la vida, de manera especial en los momentos de fragilidad. La finura espiritual conlleva un comportamiento adecuado con los padres, que son dignos de atención por su experiencia y que merecen un trato esmerado en su debilidad.

La segunda lectura nos recuerda que de la experiencia de haber sido perdonados por Dios, nace el perdón a los demás; de encontrar la paz en el Señor nacen los valores de una vida pacificada; de la escucha de la Palabra divina nace una relación gozosa con Dios. Los miembros de la familia han de revestirse de misericordia, de bondad, humildad, dulzura, paciencia y comprensión.

La sagrada Familia de Nazaret aparece como una familia que escucha dócilmente la Palabra de Dios, la acoge y la cumple. La oración, la obediencia a Dios, y la unión en el trabajo, en el dolor y las pruebas caracterizan su forma de proceder. Desde un primer momento se ve sometida a la persecución. Jesús, fiel al proyecto de Dios, va a ser perseguido, como preludio de lo que será su destino, y la familia compartirá su persecución. Son evidentes los desvelos y abnegación de María y José por el destino del Niño. No se alude a las dificultades que el plan de Dios entraña para José quien ha de cumplir las órdenes: no importa que pierda su puesto de trabajo, tampoco se dice cómo pudo arreglárselas para ganar el pan de su familia en Egipto. María y José están al servicio del Niño.

En la familia han de encontrar la realización plena las personas que la componen. En ella es posible experimentar el amor más parecido al amor de Dios, porque se nos ama no por lo que hacemos o tenemos sino por lo que somos; no se nos quiere por nuestras cualidades ni se nos deja de querer por nuestras limitaciones ¡Cuánta generosidad, dedicación y disponibilidad en el cuidado de los niños, jóvenes y mayores en circunstancias a veces difíciles por parte de la familia! La familia es la primera escuela de convivencia y la mejor garantía frente a la fragmentación social. “Los niños tienen derecho a crecer en una familia con un padre y una madre, capaces de facilitar su desarrollo y maduración afectiva”.

María y José vivieron con alegría en medio  del dolor, lo que “implica aceptar que el matrimonio es una necesaria combinación de gozos y de esfuerzos, de tensiones y de descanso, de sufrimientos y de liberaciones, de satisfacciones y de búsquedas, de molestias y de placeres, siempre en el camino de la amistad, que mueve a los esposos a cuidarse”. Hay que fortalecer la cultura de la fidelidad que alegra la vida pues el “compromiso definitivo de solidaridad, fidelidad y amor fecundo responde a los deseos más profundos del corazón humano”. La fidelidad y la felicidad en la vida matrimonial “es un trabajo de orfebrería que se hace todos los días a lo largo de la vida”.

Es necesario el testimonio de las familias cristianas que viven su fe de manera gozosa y responsable. En los riesgos de alta mar en los que navega el barco de la familia, no son pocos los que ajenos o contrarios a la identidad propia de la familia, tratan de hacerse con el timón de este barco. Hay que estar vigilantes. El alejamiento de Dios y la marginación de los valores morales, siempre favorecen el deterioro de la vida familiar.

Anunciemos con gozo la belleza de la familia, miremos a la Sagrada Familia y aprendamos en su escuela para revitalizar la familia, “tesoro que Dios ha regalado a la humanidad y que es responsabilidad nuestra cuidar”. En esta fiesta de la Sagrada Familia, pido para todas las familias de la Diócesis la bendición de Dios con la intercesión de Jesús, María y José. Amén.