Homilía de mons. Barrio en la Fiesta de San Martín de Tours

Escribía Rainer María Rilke: “Acaso, a fuerza de vivir las preguntas, lleguemos un día a penetrar, sin advertirlo, en las respuestas”. Así lo han percibido los santos en la historia como buscadores de la experiencia sobrenatural, viviendo únicamente de Dios y caminando hacia Dios, en la dependencia inmediata y absoluta de su bondad. Pero  ¿pensamos hoy en la santidad, siendo ésta lo específico de la vocación de la persona humana? “Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor”. El hombre es imagen de Dios, lo que le lleva a decir: “Oh Dios, tú eres mi Dios por Ti madrugo, mi alma está sedienta de Ti, cuando entraré a ver el rostro de Dios”.

Hoy recordamos a San Martín de Tours, hombre de gobierno, monje por vocación y obispo por obediencia. Austero, contemplativo en la acción, peregrino del absoluto, forma parte de la memoria espiritual de Europa. Fue un testimonio de la libertad de la fe en medio de los cambios históricos que marcan el final del siglo IV, consciente del espíritu misionero de la Iglesia. Protegió a los oprimidos y luchó contra la herejía y el mal, la idolatría y las supersticiones. Estaba convencido de que la evangelización se sustenta no en controversias doctrinales sino en vivir el Evangelio en toda su integridad.

Los santos tienen siempre como centro de su existencia el primado de Dios, no se juegan lo absoluto por lo relativo, lo eterno por lo transitorio, lo importante por lo urgente. Dando gloria a Dios y sirviendo a los hombres, han sabido interpretar en su momento los signos de los tiempos. Su vida proyecta ya en el tiempo de la existencia la felicidad todavía no alcanzada en plenitud, renunciando a una vida mediocre y a una religiosidad superficial. San Martín miró a Cristo, fijándose en sus llagas como signo de nuestra salvación. Cuenta la tradición que en cierta ocasión se le apareció el demonio en imagen de Cristo. Y san Martín le dijo: muéstrame tus llagas, dejando en evidencia al demonio que no pudo mostrárselas.

La conciencia de ser elegidos en Cristo nos lleva a mirar la realidad con la bondad de los sentimientos de Dios. Seguir a Cristo no es repetir, sino prolongar de modo siempre nuevo su vida a través de la historia como lo hizo San Martín a través de su caridad pastoral. Situemos toda nuestra vida en la perspectiva de la santidad.  “En la obra de Dios el grano de mostaza no necesita ser ni más grande ni más vistoso, le basta su diminuta dimensión para que de él crezca un frondoso árbol”. En medio de las  dificultades que acumulan nuestra cultura, nuestra debilidad, o incluso nuestra infidelidad, tenemos la seguridad, fundada en la esperanza, de que Cristo va haciendo el camino con nosotros.

San Martín, hombre admirado por su sabiduría y amado por su bondad, salió al encuentro de las gentes que andaban como ovejas sin pastor, manifestando su alma de apóstol, siempre dispuesto a ofrecer su vida por las ovejas porque el buen pastor va en su busca, no ejerce el poder sobre ellas, no es un funcionario, rígido y observador del propio horario de trabajo y celoso custodio de su privacidad, se conmueve con el corazón y con la mente ante la situación de dispersión que viven, y trata de reflejar en todas sus actuaciones el amor misericordioso de Dios a los hombres. Aceptemos la responsabilidad de que nuestra vida y sus modos personales sean una transparencia del amor de Dios. Cercana ya su muerte decía san Martín: “Dejad, hermanos, que mire al cielo y no a la tierra, y que mi espíritu a punto ya de emprender su camino, se dirija al Señor…Tú, demonio maldito, no encontrarás en mí nada que te pertenezca; el seno de Abrahán está para recibirme”. También hoy pedimos al Señor entregarnos por entero a su servicio como San Martín de Tours y que nos conceda aceptar plenamente su voluntad para vivir la alegría de ser plenamente suyos. También hoy decimos con la Iglesia: “Concédenos a los que alimentas con el Sacramento de la unidad, aceptar plenamente Tu voluntad, para vivir como él, la alegría de ser enteramente Tuyos”.

 

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