Homilía de mons. Barrio en la inauguración del Curso Académico 2016-2017

Inauguramos el nuevo Curso Académico en nuestras instituciones académicas reuniéndonos en torno al altar de Dios, haciendo memoria de la tradición que el apóstol Pablo nos trasmite y participando en la mesa del Señor. Damos gracias a Dios y  pedimos que envíe la luz y la fuerza de su Espíritu para iluminar toda nuestra actividad, pensando en nuestra edificación espiritual. Esta actitud nos lleva a hacer una confesión de alabanza, de fe y de vida, conscientes de que “la vida nunca está del todo hecha mientras nuestra libertad sigue abierta y Dios está por delante. Esta es la gloria del hombre que cuenta con su pasado y su futuro, pero no es víctima de ninguno de ellos”.

Dios abre su salvación a todos sin excepción y demuestra su infinita misericordia. Sólo pide que nos acerquemos a El con una fe firme en Cristo Jesús y le expongamos nuestras necesidades. El centurión se siente indigno de presentarse personalmente ante el Señor y envía unos amigos judíos para que lo recomienden. Cristo tendió su mano a aquel criado a punto de morir y ofreció su salvación a los paganos. El centurión tenía el alma preparada para recibir la salvación ofrecida por Dios, porque era un hombre bueno, honesto y humilde. Se es bueno no desde el orgullo y la prepotencia sino desde una fe fuerte y firme que mueve las montañas de nuestras fragilidades y nos llama constantemente a la conversión. Jesús queda admirado de la actitud del centurión y elogia su fe, que le arrancó el milagro para su siervo, demostrando que su salvación no tiene fronteras. Abre su corazón y su salvación a todos, sin distinción de raza, lengua, color. Sólo pide fe en Él. Es el único mediador de la salvación de Dios (1 Tm 2, 5). “En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hech 4, 12). Todos los hombres somos hijos de Dios y en condición de tales somos llamados por el don de la fe al encuentro personal y permanente con El. El hombre es vocación de Dios, por eso el olvido de Dios conduce al olvido mismo del hombre.

Comenzamos este curso que es gracia y exigencia para buscar y conocer mejor la verdad de Dios y del hombre.  Cada uno de nosotros, por lo tanto, está llamado a hacer suya la mirada y la elección del amor de Jesús, para entrar en su manera de ser, de pensar y de actuar. Las instituciones académicas diocesanas han de considerar que la investigación teológica exige no sólo la inteligencia sino también la fe, “don gratuito de Dios que hay que acoger con humildad”, encarnando “la Palabra de Dios en la propia existencia cotidiana”. Reavivar la fe significa ver la realidad con una mirada teologal, con los ojos de Jesús, siendo centinelas en el corazón del mundo, y situándonos en las periferias humanas, culturales, sociales y religiosas que han de ser evangelizadas. Esta es también la preocupación del Sínodo diocesano que vamos a comenzar.

Formadores e profesores deben ser conscientes de que do seu xeito de pensar e de actuar depende en gran medida o éxito da formación daqueles a quenes acompañan e que han de aprender a participar na vida de toda a Igrexa pois como dicía santo Agostiño: “Cada un posúe o Espírito Santo na mesma medida en que ama á Igrexa de Cristo”. Xerade procesos de maduración, de liberdade, de capacitación, de crecemento integral, de cultivo da auténtica autonomía. A educación entraña a tarefa de promover liberdades responsables para actuar nas encrucilladas con sentido e intelixencia. Isto debe realizarse sempre con métodos activos e cun diálogo educativo que incorpore a sensibilidade e a linguaxe propia. É necesario contrarrestar os valores débiles do noso tempo.

É preciso evanxelizar a nosa interioridade e seguir buscando a verdade para conseguir a sabedoría que consiste en coñecer con certeza a orixe de todas as verdades, que é Deus, e en afondar constantemente o sentido da verdade, base da xustiza, do respecto, da dignidade e da liberdade, para formar verdadeiros cristiáns que sexan homes de diálogo, rectos e servizais, para ser felices e facer felices os demais. Servir á verdade leva consigo permanecer na verdade, colaborando á comprensión do maxisterio da Igrexa. O rigor científico, a humildade e o entusiasmo deben ser as características do ensino e aprendizaxe[1]. A Palabra de Deus oriéntanos para que sexamos oleiros da caridade intelectual que sanda as feridas intelectuais, ofrecendo motivos de esperanza, recoñecendo con humildade o misterio de Deus e fiándose de El. Temos que unir a verdade coa caridade e o entendemento co amor. Baixo a mirada da Santísima Virxe María, Trono da Sabedoría, e co patrocinio do Apóstolo Santiago, comezamos este curso, confiándolles o traballo e a dispoñibilidade dos Formadores, Profesores, Alumnos e colaboradores nas nosas Institucións académicas e pedíndolles o gozo de vivir as dimensións profundas do traballo en atención a todas as necesidades da comunidade cristiá. Amén

[1] XOÁN PAULO II, Pastores dabo vobis, 67.

 

Foto de archivo (www.seminariomayorcompostelano.com)

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