Homilía de monseñor Barrio en la festividad de la Virgen del Carmen

“La festividad de la Virgen del Carmen nos invita a mirar a la Estrella de los Mares para buscar en ella orientación, consuelo y sentido cristiano en nuestra vida. María, Madre solícita, atenta siempre a las necesidades de sus hijos, nos llama a acoger la palabra salvadora de su Hijo: “Haced lo que El os diga”.

Conozco vuestra devoción filial y confiada a la Virgen María, madre de Cristo que nos la dio a nosotros como madre. Nunca una madre se pareció tanto a su hijo. En una sociedad compleja como la nuestra, marcada por múltiples tensiones, hemos de reconocer cuanto hay de bueno y verdadero, denunciando todo lo que daña la dignidad de la persona humana y asumiendo los valores cristianos.

Hoy, con especial afecto, queridas gentes del mar, compartiendo vuestras preocupaciones, recordamos que debemos reflejar el gozo del Evangelio en nuestros comportamientos, ayudando a los demás en las circunstancias en que se encuentren. La fe es la brújula que nos marca el norte de nuestra existencia y el radar que ayuda a sortear los obstáculos y peligros, guiándonos por la esperanza cristiana y por la caridad que hemos de llevar en el barco de nuestra existencia. Es necesario recuperar la centralidad de la dimensión religiosa en la vida, abrir espacio a las grandes preguntas que nos acompañan y mostrar la dimensión humanitaria, que genera la fe cristiana. La vida se obscurece si no se abre a Dios. Una sociedad sin Dios es una sociedad sin esperanza y sin alegría. La imagen de Dios rico en misericordia, debe reflejarse en vosotras, queridas familias del mar. La Iglesia quiere estar cerca de vosotras, para que sepáis en cada momento, fácil o difícil, de vuestras vidas, que sois parte de ella y que contáis con su ayuda. La Iglesia no es únicamente un lugar a donde ir, sino una familia, una comunidad de personas de la que formáis parte, que vive en torno a Jesucristo quien nos salva. Cuando vivimos como Iglesia, somos mensajeros y testigos para el mundo de la Misericordia de Dios. La Iglesia os necesita, para que en medio de vuestras ocupaciones, deis testimonio decidido de vuestro amor a Jesucristo “pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor  auténtico y duradero”, venciendo el miedo con la fe, el cansancio con la esperanza, y la indiferencia con el amor.

“La personalidad del hombre se enriquece con el reconocimiento de Dios… El conocimiento del Dios amor nos mueve a amar a todo hombre: el sabernos criaturas amadas por Dios nos conduce a la caridad fraterna y, a su vez el amor fraterno nos acerca a Dios y nos hace semejantes a Él. Pero quien le conoce de verdad inmediatamente lo reconoce en todos los pobres, en todos los más desfavorecidos, en los pordioseros de pan y de amor, en las periferias existenciales”[1]. Hoy se nos pide navegar juntos en el mar de la misericordia. Con esto quiero expresaros que en la barca de la Iglesia estamos juntos, remamos juntos, buscando y haciendo presente al Señor, siendo en el mundo reflejo de su misericordia. En vuestra labor de cada día encontráis no pocas dificultades y peligros, somos conscientes de vuestras angustias y sufrimientos, de vuestras legítimas aspiraciones a un futuro mejor para vosotros y los vuestros, y de vuestras justas reivindicaciones. En ese mar, queremos hacernos siempre presentes y hacer presente el mensaje de solidaridad y de fraternidad.

Navegamos juntos, ayudándonos unos a otros, siendo todos para todos y haciendo que este mundo, que muchas veces para cada hombre se presenta como un mar embravecido por el egoísmo y la indiferencia, reciba el amor de los cristianos hecho acción concreta de misericordia, para que pueda seguir bregando con esperanza. Hoy le decimos: vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos. La fiesta de la Virgen del Carmen, es una buena ocasión para pedirle que la familia marinera esté muy unida, remando todos al unísono y en la misma dirección y respondiendo cada día al compromiso cristiano. Recordando afectuosamente a quienes otros años celebraban esta fiesta con nosotros y a los que han perdido su vida en el mar, a ella os encomiendo y le pido que os ampare siempre, para que todos juntos, al fin de la singladura de esta tierra, podamos cantar eternamente las misericordias del Señor os encomiendo a la protección de la Virgen del Carmen.

Amén”.

 

[1] Conferencia Episcopal Española, Iglesia servidora de los pobres. Instrucción Pastoral, Ávila 24 de abril de 2015, 12

 

Foto de archivo: Gonzalo Núñez  | Faro de Vigo

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