Homilía de monseñor Barrio en la Vigilia Pascual

Ein recht gesegnetes Ostern wünscht Ihnen».
Je vous prie d´ágréer mes meilleurs voeux de joyeuses Pâques
With my best wishes for a truly blessed Easter
Bona Pasqua a tutti. Boa Pascua a todos. ¡Felices Pascuas!

“He resucitado y siempre estoy contigo; tú has puesto sobre mí tu mano. Se considera que fueron estas las palabras que el Hijo dirigió al Padre después de su resurrección, después de volver de la noche de la muerte al día eterno de la Vida” . La muerte ha sido vencida. El amor es más fuerte que la muerte, y Dios es amor. El amanecer de aquel día primero de la semana trajo una noticia inesperada: Jesús vive, ha resucitado y con ello, su proyecto y misión tienen la fuerza de la vida divina.
María Magdalena, María la de Santiago y Salomé muy de mañana se acercaron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado como muestra de afecto hacia el ser querido difunto. Ningún temor les paraliza. Pero el  cuerpo de Jesús no estaba en el sepulcro. “No era un delirio”. “Quedaron despavoridas”. Nos ocurre también a nosotros. Cuando encontramos algo nuevo que no esperamos, preferimos nuestras seguridades y pararnos ante nuestros recuerdos. Tenemos miedo de las sorpresas de Dios para quien no hay situación que no pueda cambiar con su perdón y misericordia. “No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde le pusieron“(Mc 16,6). “Este es el día en que actuó el Señor. Sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Ps 117).

Toda la historia de la salvación es una manifestación del amor creador y liberador de Dios, como hemos escuchado en las lecturas proclamadas. Por el bautismo “fuimos sepultados en la muerte para que con El, resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también vivamos nosotros una vida nueva” (Rom 6,4). Nuestra conciencia de bautizados nos compromete a renunciar a todo aquello contrario a la santidad, conscientes de nuestra condición de hijos de Dios. ¡Andemos en una vida nueva, sirviendo a Dios y dejando de servir al pecado! ¡Aceptemos que Jesús Resucitado entre en nuestra vida!

En esta noche santa tocamos la orla del nuevo vestido del Resucitado, sabiendo que también Él nos sostiene firmemente en medio de nuestra fragilidad. Celebramos a Cristo, Luz simbolizada en el cirio pascual, que ilumina los rincones de nuestra historia y de nuestra vida personal para hacernos pasar de las tinieblas del pecado y de la muerte a la luz de la gracia y de la vida. El Resucitado nos llama a caminar en su Luz, a dejarnos iluminar por ella y trasmitirla a todos los ámbitos de la existencia con la palabra y el testimonio de las obras. Este es nuestro compromiso, sabiendo que hemos sido marcados con la cruz santificadora y salvadora de Cristo y con el óleo perfumado del bautismo y el crisma de la confirmación. ¡Cuántos espacios de nuestra sociedad esperan el buen olor de Cristo para que sean gratos a la dignidad humana! A ellos lo debemos llevar con nuestra presencia cristiana!

El Señor resucitado nos invita a participar en la mesa de la Eucaristía, banquete al que tenemos que acercarnos con el vestido de la amistad con Dios. Dejemos las formas paganas de vida y vivamos en caridad, despojándonos «de la vieja levadura para ser una nueva masa» (1Cor 5,7). Alegrémonos porque Jesús resucitado está en medio de nosotros y se manifiesta allí donde nos amamos y vivimos la fraternidad. “No temáis”, “Alegraos”, “Id y anunciad” con una palabra de gozo y de esperanza. En esta Noche Santa, en nombre de la Diócesis, de los peregrinos que nos acompañáis, del Sr. Obispo Auxiliar y en el mío propio quiero hacer llegar con nuestra oración nuestra felicitación pascual al Papa quien en esta singladura dirige la barca de Pedro con espíritu magnánimo y sensibilidad humana para la renovación de los hijos de la Iglesia. ¡Felices Pascuas de Resurrección del Señor!

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