Intervención de Mons. Barrio en Cope: 14 de septiembre de 2018

 

Me alegra encontrarme nuevamente con los oyentes de COPE en este regreso de la programación religiosa tras el paréntesis del verano. Mi cordial saludo con mi oración. Después del tiempo vacacional volvemos como suele decirse a la normalidad que no la debemos convertir en la rutina de cada día. De nuevo se inician  las actividades  de nuestro compromiso laboral y pastoral. En la actividad diocesana el Plan pastoral para este curso nos urge a poner ante nuestra consideración el ministerio de la santificación recordando que Jesús se sentó a la mesa con los discípulos de Emaús después de explicarles las Escrituras, como relata el evangelista Lucas.

“De la liturgia, y sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros, como de una fuente, la gracia, y se obtiene con la máxima eficacia la salvación de los hombres en Cristo y la glorificación de Dios, a la que tienden  todas las demás obras de la Iglesia como a su fin”. En los últimos tiempos la participación eucarística de los católicos se ha visto tergiversada. Esta tergiversación no sólo parece afectar a la Eucaristía en particular, sino a los sacramentos en general, por ejemplo, al sacramento de la Penitencia. ¿Cuáles son las causas de este fenómeno? La causa principal parece concretarse en el hecho de que el  hombre actual y, por tanto, también el cristiano, está orientado hacia el hacer, hacia el producir. La técnica nos ha llevado a contemplar todos los ámbitos de la vida como susceptibles de sometimiento y manipulables, como si fuese una especie de “procesamiento de datos”. Nadie negará que esta perspectiva técnica se haya introducido en muchos sectores de la vida y al mismo tiempo haya  contribuido a que algunos problemas, a los que en otro tiempo no se les veía solución, hoy parecen tenerla. Sin embargo, el punto de vista de que todos los ámbitos de la vida son manipulables con la ayuda de medios técnicos, no corresponde a la verdad y allí donde se defiende eso, se conduce al hombre moderno a situaciones sin salida.

Reflexionemos sobre esta realidad y pidamos al Señor los mejores frutos de santificación en este curso pastoral que estamos comenzando.

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