Intervención de mons. Barrio en Cope: 15 de mayo de 2020

 

La pandemia de Covid 19 de estos meses ha cambiado muchas cosas en nuestra vida personal y diocesana. Aunque los templos siguiesen abiertos y se celebrasen las Eucaristías con culto privado, la vida parroquial entró en un paréntesis que sirvió, no obstante, para el redescubrimiento de la familia como Iglesia doméstica. Nuestros templos tuvieron poca actividad, pero la Iglesia diocesana no paró: siguió con su oración y su catequesis, continuó con su labor caritativa y social.

Este domingo las parroquias vuelven a abrir el culto público, aunque siga la dispensa de la obligación del precepto dominical, que cobra más sentido para aquellas personas mayores o de riesgo, que habrán de seguir la Misa a través de los medios de comunicación. Y con ello recobramos una cierta normalidad que contemplamos desde un Programa Pastoral Diocesano ante la emergencia sanitaria.

En él se contiene una serie minuciosa de normas prácticas cuyo objetivo es lograr la mayor seguridad sanitaria para las personas que intervengan en las distintas actividades pastorales de nuestra Iglesia diocesana. Pero no se queda ahí, ya que plantea también otros objetivos y actividades que han de marcar el rumbo pastoral de los próximos y decisivos meses: mantener e incluso mejorar la cercanía afectiva y espiritual a los fieles, cumplir los protocolos que se van a poner en marcha, recuperar la vida comunitaria presencial, en la medida de lo permitido por las autoridades sanitarias, en los distintos ámbitos pastorales: el culto, la catequesis y la formación, Cáritas, la escucha… Y, en fin, motivar espiritual y pastoralmente la celebración del próximo Año Santo Compostelano 2021.

Por lo demás, sigue siendo urgente mantener el compromiso económico para que Cáritas y otras muchas instituciones, como albergues o cocinas económicas, sigan atendiendo a los que necesitan ayuda. El esfuerzo económico de la Iglesia diocesana de Santiago para no dejar a nadie atrás no ha sido poco. Mantenerlo en el tiempo no será fácil sin una implicación directa de todos y cada uno de los diocesanos.

 

 

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