Intervención de mons. Barrio en Cope: 20 de diciembre de 2019

 

Las lecturas de este domingo, IV de Adviento, son una invitación clara a preparar el corazón para el nacimiento del Niño Jesús. El evangelista Mateo nos recuerda lo que había dicho el profeta: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios-con-nosotros”. Estoy seguro de que en vuestros hogares ya resplandece esa decoración navideña que no es sino la expresión de una profunda fe y piedad populares, y que hacen de estos días algo especial, singularmente para los más pequeños de la casa.

Recuerdo haber leído en muchas páginas del sacerdote ya fallecido José Luis Martín Descalzo una interpretación peculiar del porqué del pequeño tamaño de la puerta que da acceso a la Basílica de Belén. Decía él que solo abajándonos, haciéndonos pequeños, convirtiéndonos en niños con ojos de asombro profundo podríamos entender el misterio de un Dios que se hace carne de nuestra carne. Al acontecimiento primordial de la Navidad hay que aproximarse de rodillas, en actitud de adoración, con humildad, la misma con la que los pastores se acercaron a contemplar el misterio del pesebre. La puerta que da acceso a Belén es tan pequeña porque contiene lo más grande que Dios ha regalado al hombre: a su Hijo.

Os deseo de todo corazón una feliz y santa Navidad. Vividla como algo único, como una fiesta de la alegría por saber que Dios está con nosotros. En la Noche Buena, las profecías del Antiguo Testamento encuentran su perfecto cumplimiento: es el tiempo de Dios, es la hora que proclamaron los profetas. La entrañable teología familiar que representan vuestros belenes, vuestros nacimientos, es catequesis fundamental para la educación cristiana de los hijos. Bien lo ha sabido apuntar el papa Francisco en un reciente texto, Admirabile signum,  cuando dice: “Ante el belén, la mente va espontáneamente a cuando uno era niño y se esperaba con impaciencia el tiempo para empezar a construirlo. Estos recuerdos nos llevan a tomar nuevamente conciencia del gran don que se nos ha dado al transmitirnos la fe; y al mismo tiempo nos hacen sentir el deber y la alegría de transmitir a los hijos y a los nietos la misma experiencia”.

Hacedlo así y que el Niño Jesús os bendiga. Feliz Navidad

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