Intervención de Mons. Barrio en Cope: 26 de octubre de 2018

 

Mañana sábado celebraremos en Santiago la habitual Marcha por la Paz que cada año organiza la orden de los Franciscanos. Trabajar por la paz nos hace pensar en las situaciones de guerra que se repiten y también en quienes son fuente de paz, construyen paz y amistad social, como dice el papa Francisco.

Este acto, en esta ocasión, tiene una significación muy especial. Coincide con el aniversario de la histórica reunión que nos recuerda: la Jornada Mundial de oración por la Paz celebrada en Asís el 27 de octubre de 1986. Un evento sin duda histórico, ya que, por primera vez, coincidían casi 130 responsables de las confesiones cristianas y de las grandes religiones para orar por un mundo más fraterno.

Aquella jornada la convocó el papa san Juan Pablo II, cuya fiesta celebramos precisamente este pasado lunes. Tanto el papa peregrino como el santo de Asís tienen una estrecha relación con Compostela. Dice la tradición que san Francisco vino a la capital gallega, y que fundó aquí un pequeño cenobio. Juan Pablo II visitó la tumba del Apóstol en el año santo de 1982, cuatro años antes de la histórica jornada de Asís. Aquella visita quedó grabada para siempre en nuestra memoria porque fue aquí donde proclamó, alto y fuerte, el ya también histórico y profético mensaje a Europa para que fuese ella misma y se reencontrase con sus raíces cristianas. Volvería en 1989 con motivo de la primera gran Jornada Mundial de la Juventud.

Esta es pues una semana de gozo, en la que se entremezclan la memoria de un pasado que nos cimienta y da sentido y la esperanza de un futuro en paz que estamos llamados a construir. Que san Juan Pablo II y san Francisco de Asís nos iluminen en ese camino, tan querido por Dios y por los hombres y mujeres de buena voluntad.

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.

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