Intervención de mons. Barrio en Cope: 8 de febrero de 2019

 

Hoy celebramos la festividad de santa Josefina Bakhita, religiosa de origen sudanés que fue víctima de la trata de personas y elevada a los altares por el papa san Juan Pablo II durante el Jubileo del año 2000. Hace cinco años el papa Francisco convocaba por primera vez la Jornada Mundial de oración y reflexión sobre la trata de personas. El lema de este año es “una luz contra la trata”.

Podría parecer que esta es una realidad superada. Pero lo cierto es que hay millones de personas obligadas a hacer cosas contra su voluntad. El caso más evidente es el de la prostitución. ¿Cuántas mujeres son forzadas a realizar esta inicua actividad, también entre nosotros? ¿Cuántos niños son obligados a realizar trabajos durísimos, a ejercer la mendicidad o a ser soldados? ¿Cuántos hijos de Dios han abandonado sus hogares con la falsa promesa de un trabajo digno y unas mejores condiciones de vida lejos de sus países para caer en manos de redes sin entrañas que los explotan como si fuesen objetos carentes de dignidad?

La esclavitud es una sonora negación de Dios Padre y provoca la más terrible de las miserias en sus víctimas. Por eso no podemos olvidarnos tampoco de que este domingo Manos Unidas celebra su Jornada Nacional coincidiendo con la semana en la que lanza su nueva campaña contra el hambre y sus causas, sobre todo en los países empobrecidos. Este año bajo el lema “Creemos en la igualdad y en la dignidad de las personas”, de todas las personas. Por tanto, es un lema que tiene que concienciarnos de la necesidad de combatir activamente toda vulneración de los derechos humanos. Como en el caso de la esclavitud, también el hambre es tristemente noticia. Según los datos que maneja Manos Unidas, 820 millones de personas carecen de alimentos suficientes y 1300 se encuentran bajo el umbral de la pobreza. Una lacra que azota sobre todo a las mujeres y a los niños. Son los pobres que se encontró Jesús y sobre los que derramó su amor de modo preferencial enseñándonos cómo hemos de actuar sus discípulos. No olvidemos que lo que hagamos a uno de nuestros hermanos, a Dios mismo se lo hacemos.

En este momento tampoco quiero olvidarme de los enfermos. El lunes será la Jornada Mundial del Enfermo. Hagamos que sientan nuestra presencia fraterna.

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