Intervención de mons. Barrio en la presentación del Plan Pastoral Trienal y la Escuela Diocesana de Agentes de Pastoral

Damos gracias a Dios al concluir nuestro Sínodo diocesano, puerta abierta a un nuevo horizonte en la Diócesis cuyo Plan pastoral para los próximos tres años va a estar enmarcado en el lema general: “Y se puso a caminar con ellos”.

En nuestras reflexiones sinodales se manifestó la preocupación de evangelizar y buscar el medio adecuado para hacerlo. Se trata de hacer una lectura creyente de la realidad a través de la Palabra de Dios, fuente de la verdad y guía pedagógica. La experiencia de Cleofás y su compañero, a la que hace referencia el texto del Evangelio, nos ayuda a comprender el proceso que lleva a la fe en Jesús. Jesús, caminando con ellos los lleva de la oscuridad a la luz, y del no reconocimiento a la aceptación, y les limpia los ojos de su corazón para ver de otra manera, motivándoles a volver a Jerusalén, donde había quedado la comunidad.

Pedagogía de Jesús

Surge en nosotros la pregunta: ¿Cómo lo hizo el Resucitado? “Les explicó todo lo que se refería a Él  en todas las escrituras” (Lc 24,27), siendo este el lema con que hemos de interpretar el plan pastoral para este primer año. “Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos” (Lc 24,15).

El Señor acompaña el proceso interior y las incidencias del mismo: cansancio y descanso, dudas e incertidumbres, esperanzas y frustraciones. No sería correcto que quienes se dedican al ministerio de la Palabra indiquen el camino por donde hay que ir, pero no   acompañen en la búsqueda, como hicieron en Jerusalén los escribas con los Reyes Magos cuando estos preguntaron dónde estaba el Rey de los judíos que había nacido (Mt 2, 1-2).  Quien se siente liberado, tiene que volver al lugar de la esclavitud para liberar a sus hermanos acompañándoles por el desierto hasta la tierra prometida como lo hizo Moisés. Esta actitud es asumir las consecuencias de una fe encarnada.

Razón de ser del Sínodo diocesano

Hacernos al camino de los demás, interesarnos por lo que les preocupa y escucharles. “El catequista, escribió san Juan Pablo II, no tratará de fijar en sí mismo, en sus opiniones y actitudes personales, la atención y la adhesión de aquel a quien catequiza; no tratará de inculcar sus opiniones y opciones personales como si estas expresaran la doctrina y las lecciones de Cristo”[1].

Es posible encontrar actitudes de rechazo o tal vez de desprecio a la hora de explicar las Escrituras, porque no faltan quienes lo vean como una intromisión en su vida, pero es ahí donde ha de iluminar la Palabra de Dios. “La finalidad de la evangelización es el cambio interior y si hubiera que resumirlo en una palabra, lo mejor sería decir que la Iglesia evangeliza cuando, por la sola fuerza divina del mensaje que proclama, trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres, la actividad en la que ellos están comprometidos, su vida y su ambiente concretos”[2].

¿Cuál es el horizonte en que nos movemos? Algunas personas, siendo religiosas, se han forjado una imagen de Jesús que no es la real. En realidad no creen en él aunque de alguna manera se consideran sus seguidores. Algunos hombres y mujeres hoy se han alejado de la Iglesia silenciosamente porque no respondía a sus deseos personales o de grupo. No es fácil aceptar el recorrer los caminos del Señor, preferimos recorrer los nuestros. La reacción viene provocada muchas veces porque no les interesa el tema, tal vez por falta de fe. En todo caso no debemos adaptar el mensaje a los intereses personales de aquellos a quienes servimos eclesialmente. Los obispos españoles en el último Plan pastoral manifestábamos que “la acción evangelizadora de la comunidad cristiana espiritualmente renovada debe dirigirse especialmente a tres grupos de personas que abarcan la mayoría de nuestros conciudadanos:

-Los cristianos practicantes, pero rutinarios y conformistas, cuyas actitudes no responden con frecuencia a las necesidades actuales de la Iglesia ni a las urgencias de la evangelización.

–El gran número de cristianos bautizados no practicantes, más o menos alejados de la Iglesia, cada vez más afectados en su conducta y en su pensamiento por la influencia de la mentalidad secularista.

–El creciente número de conciudadanos que no han recibido el anuncio de Jesucristo, que viven al margen de la Iglesia de Dios sin el don de la fe en la oscuridad del eclipse de Dios” [3]. Sin duda también esto se refleja en nuestra comunidad diocesana.

Nuestro salir al encuentro de las personas que pueden estar viviendo estas situaciones referidas nos lleva a mirar al Señor y actuar como Él, iluminando la realidad con la luz de las Escrituras: “Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras” (Lc 24,27). “Los nuevos evangelizadores están llamados a ser los primeros en avanzar por este camino que es Cristo, para dar a conocer a los demás la belleza del Evangelio que da la vida. Y en este camino, nunca avanzamos solos, sino en compañía: una experiencia de comunión y de fraternidad que se ofrece a cuantos encontramos, para hacerles partícipes de nuestra experiencia de Cristo y de su Iglesia” [4].

El ministerio de la Palabra

Y después del Sínodo diocesano ¿qué debemos hacer? A esta pregunta trata de responder el Plan pastoral para este curso, ofreciéndonos la clave con que hemos de interpretar nuestro compromiso cristiano a través del ministerio de la Palabra, cuidando la formación continua para la vida cristiana en expresión del Sínodo diocesano. Es preciso fomentar un mayor y mejor conocimiento de la Sagrada Escritura como Palabra de Dios para anunciar a Jesucristo con obras y palabras en la vida cotidiana [5] . El ministerio de la Palabra “tiene como misión iluminar, dar sentido, mostrar el verdadero significado de los acontecimientos. Sólo las Escrituras nos descubren la mirada y los designios de Dios y sólo desde ellas el hombre puede situarse ante la vida como un creyente. De lo contrario permanece ciego, en la obscuridad… La luz no es para ser contemplada ella misma, sino para poder ver la realidad sobre la que se proyecta. La lámpara se coloca sobre el candelero no para ser vista, sino para que vean los que habitan la casa (Mt 5,15)”[6]. Se trata de conocer el sentido de la vida a través de la Palabra de Dios.

Objetivos del Plan Pastoral Diocesano

En este sentido, el Plan Pastoral contempla este objetivo general: Cuidar la formación continua para la vida cristiana.

Exhortación final

Como en los años anteriores, pido a todos los diocesanos asumir el compromiso del Plan Pastoral Diocesano con su colaboración y disponibilidad tanto para los proyectos diocesanos como para los planteamientos parroquiales. Estoy seguro de que su puesta en práctica ayudará a la edificación espiritual en nuestra tarea apostólica. Hago mía la súplica del apóstol Pablo: “Que el mismo Dios de la paz os santifique totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, se mantenga sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. El que os llama es fiel y él lo realizará” (1Ts 5, 23-24).

 

[1] JUAN PABLO II, Catequesi tradendae, 6.

[2] PABLO VI, Evangelii nuntiandi, 18.

[3] CEE, Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Plan Pastoral de la CEE (2016-2017): BOCEE, 96(2015), 87.

[4] BENEDICTO XVI, Homilía en la Santa Misa de clausura del Congreso de Nuevos Evangelizadores, 16.10.2011.

[5] Cf. CEE, La nueva evangelización desde la Palabra de Dios: “Por tu Palabra echaré las redes” (Lc 5,5). Plan Pastoral 2011-2015, Madrid 2012.

[6] F. ECHEVARRÍA, El camino, el pozo y la fatiga. Claves bíblicas para una nueva evangelización, Madrid 1991, 52-53.

 

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