Intervención de mons. Barrio en la bención de las instalaciones del Centro de Atención Social Continuada “Vieiro”, de Cáritas Diocesana

Comparto con todos Vds. la alegría de poder contar con este nuevo local destinado a las personas sin techo. Ha sido un proyecto, fruto de la preocupación caritativa y social de la Iglesia diocesana gestado en el Año Jubilar de la Misericordia, en continuación con lo que veníamos haciendo ya. Las aportaciones de los peregrinos con esta finalidad, de Cáritas, de instituciones civiles y de la Fundación Carretas han hecho realidad una idea considerada después de las visitas en el antiguo edificio “VIEIRO”. Las personas están llamadas a dignificar los lugares y los lugares también contribuyen a dignificar a las personas. En este sentido y con esta finalidad hemos pensado en este proyecto, sencillo en sus formas pero muy significativo en la pretensión de subrayar la dignidad de la persona. La persona humana no es un qué sino un quién, con una dignidad plena que le ha sido dada por Dios Creador. Hemos de hacer visibles a las personas sin hogar a través de nuestro acercamiento a ellas. Si no las vemos no podemos  reconocernos en ellas ni tomar conciencia de la dignidad que nos une e iguala como seres humanos. A veces vemos para observar pero no miramos para actuar y hacer viables los derechos de las personas. Sólo de esta manera podemos reconocer que su dignidad es la nuestra y que nosotros también nos dignificamos como personas a través de los demás. Esto evitaría una cultura de exclusión y descarte, de la que tantas veces habla el Papa, y nos haría pensar en el bien común de todos y para todos, “porque el ejercicio universal de la dignidad humana es posible, estamos llamados a vivir con una mirada alternativa, creadora, que es capaz de hacer posible lo imposible”.

Es necesario arbitrar “políticas adecuadas que puedan hacer frente a las situaciones de más urgente necesidad y remover los obstáculos que impiden encontrar las modalidades concretas, económicas, jurídicas y sociales, aptas a poner por obra condiciones más favorables a la solución de estos problemas”. En nuestra sociedad hay muchas personas que no encuentran lugar en la posada del mundo. No son pocas las que nacen, viven y mueren en la intemperie. “La Iglesia católica en su acción caritativa y social, ha tenido siempre, desde las primeras comunidades cristianas, una predilección por los pobres, los necesitados, los desprotegidos de la sociedad. La riqueza humana y espiritual de las innumerables obras de caridad y de beneficencia creadas por la Iglesia a lo largo de su existencia, son el mejor monumento histórico de esta dedicación y amor de preferencia a los pobres”.

Con frecuencia encontramos en nuestras calles a  personas sin techo, víctimas de problemas personales (desempleo, desestructuración familiar, o marginación social). No hay duda de que “la persona o la familia que sin culpa suya directa carece de una vivienda decente es víctima de una injusticia”. La realidad de las personas sin techo se presenta como un llamamiento a la conciencia y una exigencia a poner remedio. Es una emergencia social que ha de llevarnos a ser sensibles al sufrimiento que supone vivir sin hogar. Como he subrayado en otras ocasiones, nadie escoge libremente vivir en la calle. Es posible que los hayamos habituado a vivir así. Mi agradecimiento a las personas contratadas y voluntarias que colaboran en este proyecto y mi cordial bienvenida a los usuarios de esta casa.

 

Foto: xunta.gal

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