Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 1 de diciembre de 2017

 

Concluido el pasado domingo el año litúrgico, con la fiesta de Cristo Rey, inauguramos un diciembre más el periodo del Adviento. Es el introito de la Navidad, pero todavía no es la Navidad. Como todo va tan deprisa y la vida marcha tan acelerada, a veces tenemos la tentación de confundir las vísperas con las celebraciones. Y si es bueno siempre sentirse hombres y mujeres de vísperas, lo que nos coloca en la tensión de la espera, mejor es todavía prepararse con calma y sosiego para cuando llegue el día de fiesta.

En la primera lectura de este domingo de Adviento, tomada del Libro de Isaías, encontramos una hermosa metáfora de lo que debe significar para nuestro corazón, para el “yo” que busca abstraerse de las solicitaciones consumistas, costumbristas y sensibleras, este tiempo fuerte en la vida de nuestra Iglesia. El profeta, hablando con el Señor, le dice: “Sales al encuentro del que practica la justicia y se acuerda de tus caminos”.

Ahí está la clave: es Dios quien sale a buscarnos; es el Señor el que toma la iniciativa; es Dios quien quiere caldearnos el corazón, en el sosiego y en la paz, para que esté en actitud de acogida al Niño Dios que va a nacer. A nosotros nos toca quedar a la escucha y practicar esa justicia que no es sino reconocernos menesterosos y necesitados de la misericordia y del amor del Buen Dios.

¡Qué ocasión tan hermosa este tiempo de cuatro semanas para acercarnos al sacramento de la reconciliación, para abrir las ventanas de nuestro espíritu y dejar que nuestra íntima conciencia se ventile con el aire renovador de los amaneceres de diciembre!

Y así, llegará el día de la fiesta, ese ya cercano 25 de diciembre, y podremos festejar el acontecimiento del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre y decirle al Padre con el profeta Isaías: “Señor, Tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y Tú el alfarero; somos todos obra de tu mano”. ¡Santo Adviento para todos!

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