Cada año, la Iglesia hace memoria de los seminarios diocesanos en la solemnidad de San José. Se trata de un recuerdo merecido a la labor que se desarrolla en estos centros y, sobre todo, de una acción de gracias y alabanza al Señor que sigue enviando jornaleros a su viña para que la comunidad se siga nutriendo del pan de la palabra y de la eucaristía.

No suele estar “de moda” la oración de alabanza. Muchas veces, quizá agobiados por la situación concreta en la que vivimos, por tanto suceso que nos puede quitar la paz y que nos puede comprometer la esperanza, nos limitamos a una oración “de urgencia” para que nos llegue el auxilio del Señor. Y está bien, y es necesaria, pero nos olvidamos de darle gracias a Dios y de glorificarle porque Él sabe, mejor que nosotros, lo que nos conviene para crecer en fortaleza y esperanza.

Es en esa certeza en la que podemos proclamar cada uno de nosotros las palabras del apóstol san Pablo: “El tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (Cor 4, 7-15).

Pues bien, que suba al cielo desde la boca y el corazón de todos nosotros una oración de profundo agradecimiento por los jóvenes que se preparan al sacerdocio en el seminario. El sacerdote está “cerca de Dios y cerca de los hermanos” y administra a los hermanos “las cosas de Dios, como instrumento y servidor del Evangelio a través del ministerio profético, sacramental y pastoral”.

Esos jóvenes han hecho una opción radical en sus vidas, siguiendo esa moción del Espíritu escuchada en su interior que les ha llamado a dejarlo todo y seguir a Jesús. ¡Qué toda la Iglesia diocesana les acompañe con su oración, su cercanía y afecto! ¡Y que Jesucristo, único y eterno sacerdote, les llene la vida de paz y alegría!