Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 12 de mayo de 2017

Mañana sábado día 13 de mayo, la Iglesia universal vivirá un acontecimiento de gozo y de bendición. En la canonización de los pastorcitos de Fátima, Francisco y Jacinta, en el centenario de las apariciones de la Virgen, todos celebramos esa realidad esplendorosa de la maternidad de María sobre el pueblo fiel y creyente. Con ella nos alegramos y damos gracias a Dios porque el Señor sigue haciendo maravillas y porque su misericordia llega a todos de generación en generación. Muchos de vosotros viajaréis hasta Fátima para acompañar al papa Francisco en esta hermosa canonización. Otros estaréis presentes mañana en la Eucaristía que tendrá lugar en nuestra Catedral.

La devoción a María no es algo accesorio para el creyente. Es parte esencial del seguimiento de Jesús. No sin emoción resuenan en cada uno de nosotros las palabras del Señor crucificado: “Hijo, ahí tienes a tu madre”. Y ella desde ese momento, y desde la cercanía al dolor por el Hijo sufriente, pero sobre todo desde la alegría pascual de su Resurrección, ejerce ese ministerio de maternidad para llevarnos al Jesús glorificado. La devoción a María no es algo pasado de moda, caduco, trasnochado. Es una realidad de plena actualidad, que traspasa el tiempo y la historia y se instala en la dimensión anhelada de eternidad de cada hombre y cada mujer. En el mensaje que los obispos españoles hemos hecho público con ocasión de este centenario se dice que “la novedad de estas apariciones de Fátima y núcleo de su mensaje consiste en la devoción al Corazón Inmaculado de María como un camino hacia el encuentro con Dios, concretando en este título su intercesión materna. Por medio de los sencillos María  transmite un mensaje destinado a la Iglesia y a la humanidad”.

En nuestra nación es raro encontrar un pueblo recóndito, una aldea remota, en la que no se venere alguna imagen de la Virgen, alguna talla histórica de la Madre. Es la plasmación en el arte y la tradición, del cariño que secularmente nuestro pueblo ha profesado a la Inmaculada, a la Bendita entre todas las mujeres. El “Ave María Purísima…, sin pecado concebida”, se convirtió en saludo cotidiano de nuestras gentes, sin distinciones ni exclusivismos. Ojalá que nosotros, en estos tiempos recios de un incierto siglo XXI, sepamos recurrir a la Madre que siempre escucha y siempre intercede. Por eso, os invito, en unión a los obispos españoles, a “vivir con verdadero espíritu cristiano y afán evangelizador este acontecimiento eclesial del centenario de las apariciones de Fátima”, con el deseo de que “se renueve  en todos la verdadera devoción a la Virgen María, que “no consiste ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (Lumen Gentium, 67).

 

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