Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 17 de junio de 2017

 

Un año más, la solemnidad del Corpus Christi nos ofrece la posibilidad de honrar la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía y de salir en procesión por nuestras calles con el Pan eucarístico que es alimento de salvación. En esta solemnidad se nos invita a vivir el Día de Caridad, teniendo siempre presente que los pobres y los más necesitados son imagen del propio Cristo que nos convoca a ser solidarios y a hacernos cercanos a sus indigencias materiales y espirituales. Cáritas nos llama este año “a ser comunidad”, subrayando la importancia de que todas las personas podamos vivir en común en la misma casa, en la Tierra común, que nos acoge a todos con los mismos derechos y dignidad propios de todos los seres humanos por igual.

Esta semana, el papa Francisco ha hecho público el mensaje para la I Jornada Mundial de los Pobres, recordando que “hoy en día, desafortunadamente, mientras emerge cada vez más la riqueza descarada que se acumula en las manos de unos pocos privilegiados, con frecuencia acompañada de la ilegalidad y la explotación ofensiva de la dignidad humana, escandaliza la propagación de la pobreza en grandes sectores de la sociedad entera”. Por eso mismo, el Papa insiste en que “si realmente queremos encontrar a Cristo, es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres, como confirmación de la comunión sacramental recibida en la Eucaristía”.

Os pido que ayudéis generosamente con vuestra aportación económica, siempre conforme a vuestras propias posibilidades. Para ser comunidad hay que compartir y recordar que aquella primitiva Iglesia de los primeros cristianos lo tenía todo en común. La participación en la Eucaristía, Cuerpo de Cristo, “nos motiva a construir un mundo más justo, solidario y fraterno, y  a liberarnos de la inmoralidad, del egoísmo y de la insolidaridad”, tal como escribía en la carta pastoral para esta hermosa solemnidad.

Nuestras custodias saldrán por calles y plazas, recordando que los predilectos del Señor son los más frágiles y vulnerables. “¡Repartamos el pan de nuestra fe, esperanza y caridad, viviendo la fraternidad como hijos de Dios!”.

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