Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 17 de noviembre de 2017

 

Celebraremos este domingo la Iª Jornada Mundial de los Pobres, una iniciativa del papa Francisco surgida al calor del pasado Año de la Misericordia. En una reciente carta pastoral os he invitado a todos a tener gestos concretos de encuentro, amistad, solidaridad y ayuda con los pobres y desfavorecidos. Os animo también a ello no solo en estos días previos a la celebración de esta jornada, sino a lo largo de todo el año.

La cercanía a estas personas no pasa únicamente por la aportación económica de una colecta o por un donativo. En realidad, si lo miramos con objetividad, eso es lo más fácil y lo que más fácilmente puede tranquilizar nuestra conciencia. Esa cercanía pasa, más bien, por contribuir a devolver la dignidad a quien lo ha perdido todo, salvo su condición de creatura de Dios, como cada uno de nosotros. Tener una mirada de afecto con el que pide en la calle; detenerse para conversar con él aunque sea brevemente; ofrecer una sonrisa y a través de ella informarle de la colaboración de Cáritas o de la ayuda de la Cocina Económica…; todo ello tiene un gran valor, porque ayuda a visibilizar al empobrecido y a combatir el riesgo de marginación.

La tarea de nuestros voluntarios de Cáritas, de la Cocina Económica o de los distintos albergues de instituciones de la Iglesia a este respecto es impagable. Es la Iglesia que trabaja en la cercanía, en el día a día, configurándose como “buen samaritano”. No amemos de palabra; amemos con las obras. No tengamos miedo de mirar al que pide en la calle: parémonos junto a él y digámosle que la Iglesia está a su lado y que camina con él. “La fraternidad y la solidaridad han de ser el referente del cristiano, sabiendo que el hilo que ha de vertebrar el tapiz de nuestra historia eclesial es la caridad”. Fraternidad y solidaridad como antídoto ante la indiferencia y esa injusta cultura del descarte, conscientes de que “hay muchas personas pobres en nuestra sociedad pero nadie es tan rico que no necesite algo de los demás”. Reconozcamos en todos la dignidad de ser hijos de Dios, contribuyendo a la evangelización del mundo contemporáneo.

 

Versión en galego