Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 23 de febrero de 2018

 

A partir del próximo lunes nuestro Seminario Menor celebrará su VI Semana Cultural San Rosendo, una feliz iniciativa de la comunidad educativa de este centro formativo diocesano en la que se aúnan la diversión y el conocimiento en un ambiente festivo y respetuoso. Es el estilo propio de un modelo educacional que más allá de las ramas y las hojas de la copa del árbol, descubre en la raíz y en la savia oculta que riega y da vida al tronco, el sentido de la existencia.

Ciertamente esta propuesta celebrativa, en la que la espiritualidad, la trascendencia y la presencia de Dios son el necesario “para qué” de la existencia, contrasta con otras manifestaciones lúdicas en las que hay que recurrir a la hojarasca para ocultar la ausencia de cualquier fundamento y de sentido.

Todo hombre y toda mujer son seres que trabajan y descansan, que celebran la fiesta que se instala tras la tarea ejercitada: el clásico “homo faber” y “homo ludens”. Son dimensiones en las que nos realizamos como personas: aportando algo a la sociedad con el trabajo y gozando en la celebración festiva y el descanso. “Y al séptimo día, descansó”, nos dice el “Genésis” del propio Dios. Creados a su imagen, nosotros celebramos la fiesta como signo de aquello que nos trasciende, que nos remite a lo eterno, al Padre que está en los Cielos. (Cf. “Una teoría de la fiesta”, Josef Pieper, edt. Rialp 2006).

Felicito muy cordialmente a la comunidad educativa del Colegio Seminario Menor de la Asunción por esta nueva edición de su Semana Cultural. Con ella, y con el trabajo cotidiano de todo el curso, contribuyen a poner las bases de una formación de los jóvenes bien asentada en la antropología cristiana, aquella que trabaja para educar personas libres, no esclavos de las modas, para crear mentes de espíritu crítico que sepan discernir la esencia de la fiesta que hace crecer en el sentido de la vida.

 

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