Intervención de Mons. Barrio en la Cope: 7 de abril de 2017

En el tiempo litúrgico de la Cuaresma hemos recorrido con Jesús el camino hacia Jerusalén. Nos ha dicho que Él es la Resurrección y la Vida, la Verdad y el Camino. Hemos visto cómo se iba fraguando una oscura trama de pecado para acabar con Él. En el Domingo de Ramos vamos a escuchar: ¡Hosanna al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor! Y a continuación oiremos gritar: ¡Crucifícale! Son los indicadores para orientarnos en la vivencia del Triduo Pascual.

Podemos celebrar esta Semana Santa como meros espectadores o como auténticos seguidores de Jesús, nuestro Salvador, que entra en la ciudad santa a lomos de un insignificante pollino, agrandando con ello la brecha de las falsas expectativas mesiánicas con la verdadera salvación que trae como Hijo de Dios.

Y es preciso decidir nuestra actitud. Llega la hora en que o nos mostramos indiferentes o nos sentimos hondamente interpelados por el misterio de la redención, de la entrega incondicional, gratuita, generosa del Verbo encarnado. Es posible que no dé miedo abismarnos en este gran misterio. Sabemos de nuestras debilidades pero estas no serán un obstáculo, siempre y cuando sepamos acoger la mirada del Cristo que nos perdona y acoge. Ello es mejor que cualquier atisbo de autosuficiencia o de considerar que este “asunto” de Jesús no “va” con nosotros.

En la pasión de todo hombre doliente, que sufre, que se ve marginado, ofendido en su dignidad de persona, se refleja la Pasión de Nuestro Señor. La oscura trama del pecado que lleva a Cristo a la Cruz sigue actuando en nuestros días. Y Jesús, nuestro Salvador y Redentor, sigue llevando en sus espaldas ese peso ignominioso del pecado y de la muerte, libre y voluntariamente. Es verdad que la Redención se produjo en un instante preciso de nuestra historia, “en tiempos de Poncio Pilato”, pero como diría San Ireneo estamos “siendo redimidos” continuamente porque sin Él no podemos hacer nada.

Que vivamos esta semana santamente, al lado del Cristo que se entrega por nosotros, junto a su Madre dolorosa. Que nuestra fidelidad sea como una suave tijera que contribuya a cortar la oscura trama del pecado que lleva hacia la muerte. Que sepamos aguardar llenos de esperanza la Resurrección de la noche gloriosa de su Pascua. ¡Felices Pascuas de Resurrección del Señor!

 

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