Intervención de mons. Barrio en la presentación del libro de Juan Vicente Boo “Píldoras para el alma”

¡Buenas noches! Saludo cordialmente en primer lugar al periodista y escritor Juan Vicente Boo y a Paula Pájaro de COPE Galicia, moderadora en este acto. Gracias a todos por acudir a la presentación del libro “Píldoras para el alma”  que contribuye a que las palabras del papa Francisco lleguen aún más lejos.

Hace casi un año nos reuníamos en esta misma sala para presentar “El papa de la alegría” de Don Juan Vicente Boo, veterano corresponsal del ABC en el Vaticano. Nos alegra de nuevo con esta publicación sobre el  fenómeno contemporáneo que supone el éxito sin precedentes de la cuenta en tuiter del papa Francisco que tiene 40 millones de seguidores en 8 idiomas repartidos por todo el mundo. Las píldoras del Papa curan a muchas personas en muchos países.

Mi felicitación cordial al autor por este libro que recoge una selección de los tuits del papa Francisco. Bien sabemos que Don Juan Vicente es un gran especialista en lo que al pensamiento y pastoral del Papa se refiere. Fruto de este conocimiento y reflexión es la obra a la que hoy me complace referirme.

Estimo que es una ventana abierta a la espiritualidad para poder otear la realidad del espíritu manifestada en actitud orante. Esto es lo que nos hace percibir la sabiduría para dar importancia a lo que lo tiene, para no jugar nuestra vida en el carrusel de la fortuna o en los dados del placer, y para poner como centro de nuestra vida a Dios, origen, causa y meta de nuestras aspiraciones.

Al preparar esta intervención, pensaba que los exégetas de los Evangelios coinciden en que Jesús, en la Ultima Cena, entregó a los discípulos su testamento. Curiosamente, para comunicarlo de manera condensada se sirvió de una breve frase y de una imagen. Ya ven, Dios también conoce las tendencias de la tecnología y de la comunicación. La frase podría haber sido un tuit y la imagen una foto colgada en Instagram, red social en la que el Papa también participa. El tuit de la última cena sigue siendo todavía hoy el más revolucionario de la historia en 89 caracteres: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado, en eso conocerán que sois mis discípulos”. La foto reflejaría el lavatorio de los pies. Como señala el Papa Benedicto XVI, en ese gesto, el Dios-Hombre se inclina ante las necesidades de la humanidad. El creador inclinado hacia la criatura.

Considero que debe ser preocupación nuestra “edificar el presente y proyectar el futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos”. En medio del laicismo y relativismo, la tecnología y la electrónica, la movilidad y los viajes rápidos, la exploración del espacio y las superautopistas de la información, todo parece indicar que las personas buscan echar raíces en el suelo firme y estable de lo sagrado. Cuanto más rápidamente camina la humanidad, tanto mayor es la necesidad que siente de unos cimientos firmes que respondan al peso de la profunda necesidad antropológica. Por otra parte, cuántos mayores conocimientos científicos poseemos y cuánto más amplia es la información de que disponemos, mayor es el ansia de un sentido último; cuánto más nos sometemos a la terapia psicológica, mayor es la necesidad de penitencia y purificación; cuántos mayores son los avances de la medicina, más crece la necesidad de milagros. Es verdad que al hombre de nuestros días no le faltan interrogantes y le sobran zozobras en la búsqueda de la Verdad que nos hace libres, sabiendo que para llegar a la verdad se necesita la libertad en la búsqueda de lo mejor.

En la mente del Papa Francisco está servir a la vocación de la persona,  sabedor de que mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir, y de que “la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca”[1]. Sabe el Papa que cuando la fe se inserta en la vida hace a la cultura cristiana. “Nos pasamos toda la vida buscando la felicidad sin saber que la llevamos dentro. Es nuestra caja fuerte espiritual que hemos de atrevernos a abrirla a través del empuje de la pasión, de un lenguaje que todos pueden entender y ayudar a preguntarse por su fuente última, y de una palabra que no busca la confrontación pero que pone a todos ante la necesidad de medirse con su atractivo y su verdad”.

El Papa tiene claro que olvidar lo esencial es caer en lo vulgar y que olvidar lo importante es caer en el angelismo. “La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo”. Cada vez sabemos más qué podemos hacer, pero sabemos menos qué debemos hacer, pues incluso la poca sabiduría de que disponemos, a veces la menospreciamos.

Los tuits de Francisco se mueven en las coordenadas de la fe y la esperanza en una sociedad a menudo desanimada y desconcertada por el mal en el mundo. Don Juan Vicente Boo se ha dado cuenta de que por eso los tuits eran recibidos como el agua de lluvia en la tierra seca. Pero las redes sociales comparten el rasgo de la inmediatez y la fugacidad; el tuit de las 9 de la mañana, al cabo de unas horas es historia. La tecnología cuenta además con nuestra dificultad para prestar atención mucho tiempo seguido y nuestro afán de novedades. De ahí su éxito. Nos cuesta prestar atención ¿No habéis podido velar conmigo siquiera una hora? (Mc 14, 37). En el momento más trascendental de la vida de Jesús los apóstoles se despistan, se duermen, no fueron capaces de estar atentos.

Quizá a nosotros nos pasa lo mismo y por eso es tan oportuno el libro que presentamos. En un libro será más difícil que los tuits caigan en el olvido del ciberespacio o en el estrés de pasar de una noticia a otra. Las frases de Francisco pueden regenerarnos una y otra vez, las podremos meditar y saborear, remansarlos y aplicarlas a nuestra vida. Al examinar los tuits en su conjunto, percibimos también las líneas más características del magisterio papal: la alegría del Evangelio, la esperanza en Jesús, su presencia en los necesitados, el anuncio del Evangelio como un mensaje auténtico, su confianza en la Virgen Madre.

En “Píldoras para el alma” confluye, junto a la tecnología del tuit, el renacimiento del género de los aforismos, donde pocas palabras bastan. Se han reeditado en años recientes los de Chesterton, Wilde, Pessoa, y otros. En la literatura espiritual encontramos aforismos en el Kempis y en tiempos actuales y reeditado muchas veces, Camino, de san Josemaría. Dios también se mete entre los aforismos de los autores contemporáneos. Por ejemplo dice Ramón Eder en su libro “Ironías”: Dios no existe pero insiste. La sed de Dios es sed de amar y ser amados.

La gramática de la simplicidad del Papa no es simplismo”. Los principios del Papa son el tiempo es superior al espacio, la unidad es superior al conflicto, la realidad es superior a la idea y el todo es superior a la parte. Y esto se refleja en sus tuits. Termino con un tuit de Francisco: El amor de Dios no es indiferenciado. Dios mira con cariño a cada uno, con nombre y apellidos (“Píldoras para el alma”, p. 33)

Muchas gracias.

 

[1] FRANCISCO, Laudato Sí, 204.

Versión en galego