Monseñor Barrio asegura que la Asunción de María es “como una brisa de aire fresco para nuestra esperanza cristiana sofocada por los agobios terrenos”

  • El arzobispo presidió en la Catedral esta Solemnidad mariana y dijo que la grandeza de Dios “nunca nos esclaviza sino que nos libera de las fuerzas del mal” y que “la existencia humana se hace grande con la grandeza de Dios”

El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, presidió hoy en la Catedral, la celebración eucarística de la solemnidad de la Asunción de María a los Cielos. “Esta fiesta es como una brisa de aire fresco para nuestra esperanza cristiana  sofocada por los agobios terrenos”, dijo el arzobispo en su homilía. En ella, monseñor Barrio aludió al significado de esta fiesta, en la que se manifiesta la grandeza de Dios con María, la madre de su Hijo encarnado, y con toda la humanidad. “La grandeza de Dios” explicó, “nos hace grandes a nosotros. Nunca nos esclaviza sino que nos libera de las fuerzas del mal y entonces la existencia humana se hace grande con la grandeza de Dios”.  El arzobispo aseguró que “excluir a Dios de nuestra existencia, es herir la dignidad de la persona humana. Sin la referencia a Dios, el hombre no puede responder a los interrogantes fundamentales que agitan siempre su corazón con respecto al sentido de su existencia. No cabe el pesimismo. La humanidad no está condenada a la corrupción. Tampoco hay lugar para el orgullo de la autosuficiencia pues para alcanzar la realización final dependemos de Dios”.

Al resaltar la importancia de esta solemnidad en la historia de la Salvación, monseñor Barrio señaló que “María nos indica que con fe firme,  humildad servicial y sencillez disponible tenemos que hacer nuestra peregrinación. Ella ha vivido la experiencia de que Dios ensalza a los humildes y derriba a los soberbios y fue la llena de gracia porque se vació de sí misma. Es necesario que imitemos su docilidad y apertura a Dios”.

“Esta fiesta”, continuó el arzobispo, “nos infunde esperanza y optimismo en nuestra vida porque nuestro destino no es la muerte, sino la vida. Lo que Dios ha hecho en María, lo hará en nosotros. Lo creemos. Lo esperamos. Lo deseamos. Nuestra historia tendrá un final feliz, la vida eterna”.

 

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