Monseñor Barrio asiste a la firma del convenio para obras en la Catedral

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, asistió hoy a la firma del convenio entre la Xunta de Galicia, el Cabildo y la Fundación Catedral, por el que se garantiza la continuidad de las obras de reforma y conservación en la Catedral de Compostela, un acto en el que también estuvo presente el presidente del Ejecutivo gallego, Alberto Núñez Feijóo. El convenio está dotado con más de dieciséis millones de euros, procedentes de la Administración General del Estado y es fruto de la voluntad de colaboración de todas las partes implicadas. Monseñor Barrio agradeció en su intervención la colaboración del Gobierno central y de la Xunta.

Las obras se desarrollarán en cuatro fases que permitirán garantizar la finalización de los trabajos antes de que el 31 de diciembre de 2020 se abra la Puerta Santa para el Año Jacobeo de 2021. Entre las actuaciones previstas se hallan, en una primera fase, la finalización de las obras en la fachada del Obradoiro y en la Torre das Campás. En una segunda fase, se acometerá la restauración de las cubiertas y las fachadas de Xelmírez y Abades, la limpieza de la torre do Tesouro y mejoras en la acometida de la cubierta, de las escaleras y de la comunicación del claustro. En la tercera fase está prevista la restauración de la Torre do Reloxo y de la tribuna y la fachada sur del claustro, así como la limpieza de la Torre da Vela; mientras que, en la cuarta, se procederá a acondicionar el bajo cubierta de la zona claustral y a realizar obras en las bóvedas del interior del templo y en los paramentos verticales.

Publicamos a continuación la intervención de monseñor Barrio en la firma del convenio:

¡GRACIAS! En el día en que con la firma de este convenio se pone fin a una etapa y se inaugura otra cargada de los mejores augurios para la Catedral de Santiago, la gratitud debe presidir mis palabras.

Gracias al Gobierno de España que, conocedor de las necesidades del monumento, no ha dudado en comprometerse en este gran proyecto; gracias al Presidente de la Xunta por cuantas gestiones ha realizado con el objeto de atraer la atención y los fondos que aporta el Gobierno de España. Gracias a cuantos desde la Consellería de Cultura han colaborado con sus conocimientos, pericia y dedicación.

Manifiesto esa gratitud en nombre de la Catedral, incluso de toda la Iglesia diocesana de Santiago de Compostela, pero en absoluto creo que circunscribiéndolo a ese marco mi reconocimiento alcanzaría su verdadera y auténtica dimensión. Garantizar la financiación de las obras de restauración, rehabilitación e incluso reconstrucción de la Basílica compostelana y edificios anejos, supone actuar directamente sobre el mismo germen y centro de nuestra ciudad, es más, sobre el indiscutido icono monumental y simbólico de Galicia e incluso de España en Europa.

En efecto, nuestra ciudad, que se ha conformado en torno a la Catedral, ha sido declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en el año 1985, el Camino francés en el año 1993 y los Caminos del norte peninsular este año 2015, caminos que conducen a una meta que es también camino: la Catedral.  En fin, sin pretenderlo, hoy me corresponde ser portavoz de la humanidad entera, en el ahora y el porvenir, por cuanto el convenio que suscribimos permitirá avanzar en esa obligación que lo es de toda la sociedad a la hora de procurar la preservación del patrimonio histórico artístico.

Un patrimonio que, por lo que a la Basílica de Santiago de refiere, es –además- casa abierta que acoge a cuentos peregrinos y visitantes a ella se acercan desde las primeras horas del día hasta bien entrada la tarde; no será fácil encontrar un conjunto monumental de este nivel, ya sea de titularidad pública o privada, que reciba de igual modo a quien accede a su interior. Que sigue manteniendo los usos para los que fue concebida desde que se inició su construcción y puede ser admirada por quienes gustan del arte como expresión de lo bello que, en última instancia, trasciende la materia y el tiempo. Así es, nuestra Catedral se mantiene viva gracias a la indisoluble conexión que en ella se produce entre el arte y el espíritu, entre cultura y religión; una conexión que inspiró su construcción y todavía puede sentirse en cada rincón de este templo que permanece abierto a todos y que se anima cada día con los sonidos de las voces de los peregrinos y visitantes de diversas naciones en multiplicidad de lenguas que oran y se admiran mientras contemplan y participan en la liturgia.

Una construcción que fue posible gracias a la decidida colaboración de quienes, junto a los obispos, cabildo e Iglesia compostelana, comprendieron la importancia y el significado de la tradición de la Tumba apostólica. En efecto, antes de que fuese posible soñar la construcción de la gran iglesia de peregrinación, Alfonso II promovió la primera edificación; sustituida, por la de mejor fábrica y dimensiones, levantada por Alfonso III y descrita como ecclesia mirabilis. Como fundamental fue la colaboración de Alfonso VI bajo los pontificados de los obispos Diego Peláez y Diego Xelmírez… y así podríamos proseguir con el elenco de tantos soberanos y nobles que, en aquel momento histórico, representaban lo que hoy calificaríamos como “lo público”, que ofrecieron los medios materiales necesarios para afrontar una empresa que excedía las posibilidades de la ciudad y su Iglesia. Y no solo en el medievo, sino también en la modernidad que transformará la estética de la Catedral hasta envolverla con ropajes renacentistas y, sobre todo, barrocos. A ello contribuyó sin duda la ofrenda regia y de las Cortes en el reinado de Felipe IV y sus sucesores.

Existe una historia más próxima que, a nuestro juicio, hizo posible este momento. En primer lugar la aprobación en el año 2009 del Plan Director de la Catedral, elaborado por el arquitecto Javier Alonso de la Peña, instrumento que nos permitió acceder, con método y rigor, tanto a los graves problemas que afectaban al monumento como a los criterios que deberán inspirar las intervenciones que demanda su rehabilitación; los estudios y trabajos elaborados desde el Programa Catedral para la restauración del Pórtico de la Gloria; las primeras intervenciones financiadas por la Xunta de Galicia en la Fachada norte y la Torre del reloj, la ejecutada en el Pórtico real con fondos del 1% Cultural del Ministerio de Fomento y las actuaciones que se han derivado del convenio plurianual suscrito con el Consorcio de Santiago centradas en la fachada occidental; así como la obra que está en proceso de licitación por el Ministerio de Fomento y que supondrá una importante intervención en el Cimborrio de la Catedral.

No se puede decir, por tanto, que no se haya hecho nada en estos últimos años, al contrario, es mucho lo avanzado y –sobre todo- la experiencia adquirida, el conocimiento directo sobre las fábricas que, en ocasiones, ofrecen una imagen de postal idílica, tan romántica como equívoca; pues ocultan graves daños causados por el paso del tiempo y otras alteraciones, pero también deficiencias que provienen de aparejos mal ejecutados durante la construcción o en ulteriores intervenciones.

El convenio que suscribimos aporta una fuente de recursos (algo más de dieciséis millones y medio de euros) que nos permitirá realizar obras sin que, durante un período de cinco años, haya de preocuparnos la financiación; lo cual supone un importante alivio. Aunque, sin duda, no serán pocas las ansias e inquietudes que se originen ante la necesidad de coordinar equipos, empresas y proyectos en un espacio proporcionalmente reducido y que ha de permanecer abierto y en uso, en un plazo objetivamente breve de tiempo.

Tenemos un documento, un compromiso y un ideal. Los documentos de hoy carecen de la mágica atracción de los viejos pergaminos. En el Archivo de nuestra Catedral conservamos el documento por medio del cual el rey Fernando II de León concede al Maestro Mateo una pensión vitalicia. Pergamino que, sin duda, adquiere su verdadera relevancia –no por la riqueza del soporte y la escritura- sino por cuanto nos ofrece una referencia escrita del Maestro que levantó el imponente Pórtico de la Gloria, desde su base hasta la tribuna y fachada románica. Trabajo excelente, admirable y grandioso de arquitectura, escultura y pintura en el que no se regatearon medios con el objeto de conseguir un resultado excelente que lo convierte en obra cumbre y adelantada a su tiempo. No creo verme arrastrado por una mera pasión localista y parcial si afirmo que las postrimerías del siglo XI y el siglo XII (desde Bernardo el viejo y Roberto hasta Mateo) condensan en la Catedral de Santiago el mismo genio creativo y artístico que decantó en Florencia en el “trecento” y el “quattrocento”.

El documento es importante, contiene un compromiso, pero el presente convenio será recordado y estudiado, ciertamente por cuanto una vez ejecutadas las obras de restauración, rehabilitación y consolidación podamos admirarnos ante una obra bien hecha, que busca y persigue la excelsitud y no regatea ni medios, ni inteligencia y ni voluntad. La letras tiene su razón de ser pero lo importante es el espíritu con que se realice.

Como Arzobispo de Santiago y Presidente de la Fundación Catedral de Santiago, que asume la condición de entidad colaboradora y sobre la que recae la responsabilidad de afrontar este reto, trataré de que cuantos integren en su nombre las comisiones ejecutiva y de seguimiento que regula el convenio, así como quienes desde la Fundación hayan de prestar su servicio y colaboración en el desenvolvimiento del mismo, asumirán como criterio, en el ejercicio de sus respectivas responsabilidades, alcanzar el ideal de excelencia, que animó a los maestros que dejaron su impronta en la fábrica catedralicia y que inspiró el elogio del autor de la “Guía del Peregrino” del Códice Calixtino: “En esta iglesia no hay grieta ni defecto alguno; está magníficamente construida, es grande, espaciosa, luminosa, armoniosa, bien proporcionada en anchura, longitud y altura, y de admirable e inefable fábrica”. En fin, construcción tan magnífica que incluso provoca en quien la visita una reacción tal que el triste “se vuelve alegre y gozoso al contemplar la espléndida belleza del templo”.

De nuevo: GRACIAS, MUCHAS GRACIAS, por la responsabilidad que entendemos asume el Gobierno Gallego en la consecución del ideal que desde hoy es nuestro horizonte común; confiados en la colaboración de toda la ciudad, del resto de los gallegos, los peregrinos y cuantos nos visitan pues el buen fin de este proyecto a todos nos incumbe y a todos nos honrará.

Foto: Ana Varela

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