Monseñor Barrio pide examinar “cómo estamos acogiendo” a los menores inmigrantes o refugiados

En este año pasado han desaparecido más de diez mil niños refugiados. Esta realidad nos plantea, entre otros, dos grandes retos: cómo afrontar la acogida de estos menores vulnerables y sin voz, y cómo favorecer la convivencia humana”. Así se lee en la carta pastoral que el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, acaba de hacer pública ante la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que tendrá lugar este próximo domingo día 15 de enero. La reflexión del arzobispo se dirige especialmente sobre los menores, a fin de examinar “cómo los estamos acogiendo”. En la carta, monseñor Barrio recuerda que “no podemos vivir al margen de la misericordia que se concreta en las obras tanto materiales como espirituales. Este convencimiento requiere no sólo una acción positiva desde el compromiso personal sino también desde el compromiso político en la afirmación de los derechos de los migrantes sobre todo de los más vulnerables y sin voz”.

El arzobispo de Santiago de Compostela asegura en su carta pastoral que la acogida de los menores, emigrantes o refugiados, “es una de las realidades que aunque forman parte de la vida cotidiana, fácilmente nos defendemos de ella mirando para otro lado y olvidando el compromiso humano y cristiano”. Monseñor Barrio alude a las palabras del papa Francisco en su mensaje para esta jornada, en las que se indica que “los niños constituyen el grupo más vulnerable entre los emigrantes, porque mientras se asoman a la vida son invisibles y no tienen voz; la precariedad los priva de documentos, ocultándolos a los ojos del mundo; la ausencia de adultos  que los acompañen impide que su voz se alce y sea escuchada. De ese modo los niños emigrantes acaban fácilmente en lo más bajo de la degradación humana, donde la ilegalidad y la violencia queman en un instante el futuro de muchos inocentes, mientras que la red de los abusos a los menores resulta difícil romper”.

Monseñor Barrio afirma que “las fronteras no se deben cerrar simplemente por proteger los intereses económicos de una sociedad de bienestar” y asegura que “hoy Europa debe ser un Continente abierto y acogedor, que realice en la actual globalización no sólo formas de cooperación económica, sino también social y cultural, y que acreciente día a día el espíritu solidario y fraterno, respetando los derechos de las personas emigrantes y refugiadas, e inculcando actitudes positivas desde la doctrina social de la Iglesia”.

 

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