Monseñor Barrio presidió el Jubileo de los Niños

El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, presidió en la catedral de Santiago la Eucaristía del Jubileo de los Niños, un acontecimiento que reunió en este IV Encuentro Diocesano de Niños a varios centenares de chicos y chicas de nuestra Archidiócesis. Los pequeños se habían preparado previamente a la celebración eucarística en el Seminario Menor, lugar en el que se habían concentrado por la mañana para participar en distintos talleres sobre las Obras de Misericordia. Allí también estuvo presente durante la mañana el arzobispo compostelano, a quien acompañó su obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández González.

Niños y niñas tuvieron, además, ocasión de compartir la comida y de visitar lugares emblemáticos de la ciudad de Santiago, como la Cocina Económica, la Oficina del Peregrino y la Orden Tercera, como expresión de las obras de misericordia corporales de dar de comer al hambriento, dar posada al peregrino y enterrar a los muertos. Tras ese recorrido por la ciudad, los pequeños entraron en la basílica compostelana por la Puerta de la Misericordia.

Ha sido esta la cuarta edición del Encuentro Diocesano de Niños, una iniciativa promovida por la Delegación Diocesana de Infancia y Juventud, y a la que acuden chicos y chicas de distintas zonas de la geografía diocesana, en compañía de sus padres, profesores o catequistas.

En su homilía, el arzobispo de Santiago dijo a los pequeños que “Dios os besa y os acaricia” y os “dice que cuenta con cada uno de vosotros”. Monseñor Julián Barrio se mostró muy agradecido al Señor por la presencia de tantos pequeños y les explicó que Dios “nos ha dejado tres grandes regalos”: su amor, el Espíritu Santo y la paz. Recordó a los chicos y chicas que “Dios os pide que le améis y que améis a los demás”; les invitó a acoger al Espíritu Santo en sus corazones para ser testigos de Jesús; y a hacerse portadores de paz para que “os encontréis a gusto con vosotros mismos”.  D. Julián también les pidió que siempre fueran solidarios con aquellos niños que no tienen lo suficiente para comer o para beber o “que están tristes”. “Abrid los ojos de vuestros corazones para ver lo que necesitan los demás” y también “para ver lo que necesitan vuestros padres”, les dijo. “Los demás”, dijo, “necesitan de vuestro amor y vuestra alegría”, en alusión a la moraleja de un relato que le había contado en su homilía.

Las lecturas y el salmo de la misa fueron proclamados por varios de los niños que estaban presentes en la catedral. Al término de la celebración, funcionó el botafumeiro como acción de gracias y su vuelo por las naves de la catedral despertó el entusiasmo de los chicos y chicas.

 

 

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