El obispo auxiliar asistirá este sábado en Lourdes a los actos de la XXV Jornada Mundial del Enfermo

El obispo auxiliar de Santiago de Compostela, monseñor Jesús Fernández, como obispo responsable de la Pastoral de la Salud en el seno de la Conferencia Episcopal Española, asistirá este próximo sábado día 11 de febrero en Lourdes a los actos previstos para la XXV Jornada Mundial del Enfermo, que se desarrollarán en el santuario mariano francés. Según recordó Radio Vaticana, tras la presentación de esta jornada, “El asombro ante las obras que Dios realiza: El Poderoso ha hecho obras grandes por mí”, es el lema escogido para este año. En la presentación de esta jornada realizada el pasado lunes en el Vaticano, también se hizo pública la Nueva Carta de los Agentes Sanitarios.

En la presentación intervinieron Mons. Jean-Marie Mate Musivi Mupendawatu, Secretario del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Alessandro de Franciscis, Presidente del  Bureau des Constatations Médicales de Lourdes y de  la Association Médicale Internationale de Lourdes (AMIL) y el profesor Antonio Gioacchino Spagnolo, catedrático de Bioética y director del Institute of Bioethics and Medical Humanities en la  Facultad  de Medicina y Cirugía de la Università Cattolica del Sacro Cuore di Roma.

Asimismo, estaba prevista la participación del Cardenal Peter Turkson, Prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, pero debido a una indisposición del purpurado fue leída su intervención por Mons. Mupendawatu, explicando que la Jornada Mundial del Enfermo fue instituida por San Juan Pablo II en 1992 y que, en este veinticinco aniversario, se celebrará de forma extraordinaria por voluntad del Papa Francisco. Así, entre las numerosas personalidades que acudirán el 11 de febrero a Lourdes estará el Cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, como legado pontificio que celebrará la Santa Misa solemne en el aniversario de la primera aparición de la Virgen a Bernadette Soubirous.

El Cardenal recordó también al recientemente fallecido Arzobispo Zygmunt Zimowski, Presidente del entonces Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, a quien se debe la Nueva Carta para los Agentes Sanitarios, que revisa y actualiza el vademécum teológico – moral – médico nacido de la intuición del primer presidente de ese consejo, el Cardenal Fiorenzo Angelini, traducido en 19 idiomas y durante veinte años texto básico para los agentes sanitarios.

A continuación Mons. Musivi Mupendawatu, subrayó que el Mensaje del Santo Padre para esta XXV edición cuyo lema es “El asombro ante las obras que Dios realiza: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí (Lc 1,49)”, nos invita a “imitar el camino seguido por santa Bernadette hasta contemplar en María, a la Inmaculada, y después su vida de silencio y meditación”. Y refiriéndose a la Nueva Carta para los agentes sanitarios afirmó que “desde el punto de vista doctrinal reafirma la sacralidad de la vida y su indisponibilidad en cuanto don de Dios”.

Los actos a desarrollar en el santuario de Lourdes, en los que estará presente monseñor Jesús Fernández González, estarán presididos por el Secretario de Estado Vaticano, cardenal Pietro Parolín, como delegado del Papa para la ocasión, a quien el papa Francisco escribió una carta para esta celebración.

En la carta escrita en latín, el Papa saluda a los enfermos de todo el mundo, expresando su cercanía de corazón a cuantos viven en medio del sufrimiento. “Está bien cuidar integralmente a la persona”, afirma el Santo Padre, “por tanto nunca hay que perder de vista el alma, la mente y el cuerpo”. Citando el Libro de la Sabiduría, Francisco recuerda que Dios creó todo para la existencia: “No ha creado la muerte ni el mal, y no goza con la destrucción de los vivos”.

Posteriormente, citando el Libro del Eclesiástico, el pontífice señala que Dios “dio a los hombres la ciencia para que pudieran gloriarse de sus maravillas”. Al mismo tiempo los pastores, los médicos y los propios enfermos están llamados a orar al Señor para que Él los conduzca a aliviar la enfermedad y a recuperarse.

Por último, invita a los fieles a invocar con constancia la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Salud de los enfermos, para que obtenga del Hijo, gracias abundantes, especialmente la paciencia en la tribulación, la confianza en Dios, la gratitud por los bienes recibidos y un gran amor hacia todos. Y esto, imitando la fe de Pedro que, aún cuando no comprendía a Jesús, podía decir: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. (Jn 6, 68).

El mensaje del papa Francisco para esta Jornada es el siguiente:

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA XXV JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2017

El asombro ante las obras que Dios realiza:
«El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49)

Queridos hermanos y hermanas:

El próximo 11 de febrero se celebrará en toda la Iglesia y, especialmente, en Lourdes, la XXV Jornada Mundial del Enfermo, con el tema: El asombro ante las obras que Dios realiza: «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí…» (Lc 1,49). Esta Jornada, instituida por mi predecesor san Juan Pablo II, en 1992, y celebrada por primera vez precisamente en Lourdes el 11 de febrero de 1993, constituye una ocasión para prestar especial atención a la situación de los enfermos y de todos los que sufren en general; y, al mismo tiempo, es una llamada dirigida a los que se entregan en su favor, comenzando por sus familiares, los agentes sanitarios y voluntarios, para que den gracias por la vocación que el Señor les ha dado de acompañar a los hermanos enfermos. Además, esta celebración renueva en la Iglesia la fuerza espiritual para realizar de la mejor manera posible esa parte esencial de su misión que incluye el servicio a los últimos, a los enfermos, a los que sufren, a los excluidos y marginados (cf. Juan Pablo II, Motu proprio Dolentium hominum, 11 febrero 1985, 1). Los encuentros de oración, las liturgias eucarísticas y la unción de los enfermos, la convivencia con los enfermos y las reflexiones sobre temas de bioética y teológico-pastorales que se celebrarán en aquellos días en Lourdes, darán una aportación nueva e importante a ese servicio.

Situándome ya desde ahora espiritualmente junto a la Gruta de Massabielle, ante la imagen de la Virgen Inmaculada, en la que el Poderoso ha hecho obras grandes para la redención de la humanidad, deseo expresar mi cercanía a todos vosotros, hermanos y hermanas, que vivís la experiencia del sufrimiento, y a vuestras familias; así como mi agradecimiento a todos los que, según sus distintas ocupaciones y en todos los centros de salud repartidos por todo el mundo, trabajan con competencia, responsabilidad y dedicación para vuestro alivio, vuestra salud y vuestro bienestar diario. Me gustaría animar a todos los enfermos, a las personas que sufren, a los médicos, enfermeras, familiares y a los voluntarios a que vean en María, Salud de los enfermos, a aquella que es para todos los seres humanos garante de la ternura del amor de Dios y modelo de abandono a su voluntad; y a que siempre encuentren en la fe, alimentada por la Palabra y los Sacramentos, la fuerza para amar a Dios y a los hermanos en la experiencia también de la enfermedad.

Como santa Bernadette estamos bajo la mirada de María. La humilde muchacha de Lourdes cuenta que la Virgen, a la que llamaba «la hermosa Señora», la miraba como se mira a una persona. Estas sencillas palabras describen la plenitud de una relación. Bernadette, pobre, analfabeta y enferma, se siente mirada por María como persona. La hermosa Señora le habla con gran respeto, sin lástima. Esto nos recuerda que cada paciente es y será siempre un ser humano, y debe ser tratado en consecuencia. Los enfermos, como las personas que tienen una discapacidad incluso muy grave, tienen una dignidad inalienable y una misión en la vida y nunca se convierten en simples objetos, aunque a veces puedan parecer meramente pasivos, pero en realidad nunca es así.

Bernadette, después de haber estado en la Gruta y gracias a la oración, transforma su fragilidad en apoyo para los demás, gracias al amor se hace capaz de enriquecer a su prójimo y, sobre todo, de ofrecer su vida por la salvación de la humanidad. El hecho de que la hermosa Señora le pida que rece por los pecadores, nos recuerda que los enfermos, los que sufren, no sólo llevan consigo el deseo de curarse, sino también el de vivir la propia vida de modo cristiano, llegando a darla como verdaderos discípulos misioneros de Cristo. A Bernadette, María le dio la vocación de servir a los enfermos y la llamó para que se hiciera Hermana de la Caridad, una misión que ella cumplió de una manera tan alta que se convirtió en un modelo para todos los agentes sanitarios. Pidamos pues a la Inmaculada Concepción la gracia de saber siempre ver al enfermo como a una persona que, ciertamente, necesita ayuda, a veces incluso para las cosas más básicas, pero que también lleva consigo un don que compartir con los demás.

La mirada de María, Consoladora de los afligidos, ilumina el rostro de la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren. Los frutos maravillosos de esta solicitud de la Iglesia hacia el mundo del sufrimiento y la enfermedad son motivo de agradecimiento al Señor Jesús, que se hizo solidario con nosotros, en obediencia a la voluntad del Padre y hasta la muerte en la cruz, para que la humanidad fuera redimida. La solidaridad de Cristo, Hijo de Dios nacido de María, es la expresión de la omnipotencia misericordiosa de Dios que se manifiesta en nuestras vidas ―especialmente cuando es frágil, herida, humillada, marginada, sufriente―, infundiendo en ella la fuerza de la esperanza que nos ayuda a levantarnos y nos sostiene.

Tanta riqueza de humanidad y de fe no debe perderse, sino que nos ha de ayudar a hacer frente a nuestras debilidades humanas y, al mismo tiempo, a los retos actuales en el ámbito sanitario y tecnológico. En la Jornada Mundial del Enfermo podemos encontrar una nueva motivación para colaborar en la difusión de una cultura respetuosa de la vida, la salud y el medio ambiente; un nuevo impulso para luchar en favor del respeto de la integridad y dignidad de las personas, incluso a través de un enfoque correcto de las cuestiones de bioética, la protección de los más débiles y el cuidado del medio ambiente.

Con motivo de la XXV Jornada Mundial del Enfermo, renuevo, con mi oración y mi aliento, mi cercanía a los médicos, a los enfermeros, a los voluntarios y a todos los consagrados y consagradas que se dedican a servir a los enfermos y necesitados; a las instituciones eclesiales y civiles que trabajan en este ámbito; y a las familias que cuidan con amor a sus familiares enfermos. Deseo que todos sean siempre signos gozosos de la presencia y el amor de Dios, imitando el testimonio resplandeciente de tantos amigos y amigas de Dios, entre los que menciono a san Juan de Dios y a san Camilo de Lelis, patronos de los hospitales y de los agentes sanitarios, y a la santa Madre Teresa de Calcuta, misionera de la ternura de Dios.

Hermanos y hermanas, enfermos, agentes sanitarios y voluntarios, elevemos juntos nuestra oración a María, para que su materna intercesión sostenga y acompañe nuestra fe y nos obtenga de Cristo su Hijo la esperanza en el camino de la curación y de la salud, el sentido de la fraternidad y de la responsabilidad, el compromiso con el desarrollo humano integral y la alegría de la gratitud cada vez que nos sorprenda con su fidelidad y su misericordia.

María, Madre nuestra,

que en Cristo nos acoges como hijos,

fortalece en nuestros corazones la espera confiada,

auxílianos en nuestras enfermedades y sufrimientos,

guíanos hasta Cristo, hijo tuyo y hermano nuestro,

y ayúdanos a encomendarnos al Padre que realiza obras grandes.

Os aseguro mi constante recuerdo en la oración y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

 

8 de diciembre de 2016, Fiesta de la Inmaculada Concepción

Francisco

 

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