“Octubre, mes misionero extraordinario”

Queridos diocesanos:

“Acogiendo la invitación del papa Francisco, celebramos el mes misionero extraordinario, alentados por el ejemplo de Santiago el Mayor, que impulsado por el Espíritu asumió la misión encomendada de llevar el evangelio hasta los confines de la tierra, entonces conocidos. Revivimos el mandato misionero de Jesús”,.

Finalidad de este mes misionero

Con esta iniciativa el Papa quiere retomar con nuevo ardor la responsabilidad de proclamar el Evangelio. “La urgencia del anuncio del Evangelio a los hombres y mujeres del mundo exige a toda la Iglesia la necesidad de llevar a cabo una conversión misionera y realizar una opción misionera capaz de transformarlo todo, para cumplir con el mandato pascual de Jesús: Id por todo el mundo, predicando el Evangelio a todas las gentes”[1]. A través de la Delegación diocesana de Misiones hemos ido preparando esta celebración, avivando la conciencia de que “nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una vida nueva, no ya en poder del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos”[2].

Misión de la Iglesia

Hemos de reencontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo que hemos recibido como un don en el bautismo[3], recordando la misión de la Iglesia en el mundo. Esta prolonga la misión que Jesús recibe del Padre en el Espíritu, respondiendo por medio de la Palabra y los Sacramentos a la sed de vida auténtica de nuestro corazón. Ofrecer a los hombres de este mundo el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (cfr. Mt 28, 19), y partir con ellos el pan de la Eucaristía es dar la vida de Dios (cfr. Jn 6, 48-51; 10, 10). “Y esta vida divina no es un producto para vender –nosotros no hacemos proselitismo- sino una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar; este es el sentido de la misión”[4]. Necesitamos crecer en la interpretación de la Palabra revelada y en la comprensión de la verdad. “A quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad es que esa variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio”[5].

Contexto cultural

En este propósito hemos de estar atentos a los cambios culturales y a las formas del lenguaje adecuado para transmitir la novedad del Evangelio de forma que sea accesible al hombre de nuestros días. “Esto tiene una gran incidencia en el anuncio del Evangelio si de verdad tenemos el propósito de que su belleza pueda ser mejor percibida y acogida por todos. De cualquier modo, nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con que puedan percibirse las razones y argumentos. Por ello, cabe recordar que todo adoctrinamiento ha de situarse en la actitud evangelizadora que despierte la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el testimonio”[6]. Es el trabajo misionero el que ayuda a que los hombres, ya orientados hacia Cristo, alcancen pleno conocimiento de su misterio, revelándoles así su verdadera naturaleza y el significado y el destino último de su vida[7]. No se trata sólo de tener una misión sino de ser una misión: esto es fascinante. El papa Francisco describe el ser cristiano como “un estado de misión permanente”: estamos en este mundo para traer luz, para bendecir, para revivir, para establecer, para sanar, para liberar. La misión es como una especie de antídoto a la tristeza individualista y al frío de las puertas cerradas.

Conversión misionera y pastoral

Por esto “la reforma de estructuras que exige la conversión pastoral solo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad”[8]. Sin lugar a dudas, “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”[9]. Una iglesia que no se dirige alegre y convincente a todos, ha perdido su misión, su por qué y para qué. No representa nada. Mengua en lugar de crecer. “También hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local”[10]. Esto conlleva “una conversión misionera constante y permanente”[11].

Manifestemos nuestro agradecimiento y apoyo a todos los misioneros y misioneras, y a todas las personas que les acompañan en el compromiso de anunciar el Evangelio, apoyando las vocaciones misioneras con la oración y con la colaboración económica. ¡Seamos generosos! Es siempre actitud misionera salir al encuentro de los demás para anunciar a Cristo.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

 + Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.

 

[1] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 27.

[2] FRANCISCO, Discurso en la Audiencia General, miércoles 8 enero 2014.

[3] Cf. FRANCISCO, Mensaje para la Jornada Mundial de misiones 2019, 2.

[4] FRANCISCO, Mensaje…, 2.

[5] FRANCISCO, Evangelii gaudium, 40.

[6] FRANCISCO, Ibid., 42.

[7] Simposio sobre la teología de la misión para nuestros tiempos, Roma 1969.

[8] FRANCISCO, Evangelii…, 27.

[9] PABLO VI, Evangelii nuntiandi, 14.

[10] FRANCISCO, Mensaje…, 7.

[11] FRANCISCO, Mensaje…, 3.

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