Pastoral Penitenciaria

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DIMENSION SOCIAL DE LA PASTORAL PENITENCIARIA

(Por Victor Renes Ayala: es sociólogo y técnico de Cáritas Española)

Vamos a hablar de lo que implica una acción adecuada por parte de los agentes de la Pastoral Penitenciria. (RENES AYALA, Victor: “Nuevos caminos para la esperanza”; Actas del VI Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria, en Corintios XIII, nº 97-98, enero-junio 2001. Pags. 21-49). Para ello el hilo conductor es el “tiempo”. Siempre partiendo de un punto común, la persona presa, y lo que eso implica para el camino y para el tiempo del caminar. No son sino dos perspectivas de una misma reflexión.

El camino que se recorre es un camino en proceso, “se hace camino al andar”; y un camino en proceso es un camino “en el tiempo”, es sí, en el tiempo “humano”, pues se hace un camino “humano”, en el “andar humano”, en su recorrido en el espacio/tiempo en que los humanos “somos”, mejor , podemos ser; más aún, “vamos siendo”. Por eso es decisivo el punto de partida: LAS HUELLAS HUMANAS que van quedando impresas en el recorrido (en el espacio/tiempo) del camino.

Sin olvidar que nuestra reflexión es una reflexión de la dimensión “social” de la Pastoral Penitenciaria, partiremos de las claves que nos propone el Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para el Jubileo en las cárceles, de 9 de junio de 2000. En adelante, Mensaje. Evidentemente no nos referimos a todas las dimensiones del Mensaje, solamente a la dimensión social.

No se trata, como en otros momentos la Pastoral Penitenciaria ha hecho, de una lectura teológica de la realidad penitenciaria. Y, aunque no sea exactamente lo contrario -una lectura social de la teología penitenciaria-, en cierto modo es así; sólo en cierto modo. ¿Por qué? Pues porque lo que pretende es profundizar en la dimensión social ya explicitada en el documento; explicación que muchas veces aparece en medio de una lectura teológica. Al menos desaríamos contribuir a ello.

No se trata, pues de un lección de sociología descriptiva. No se trata de repetir cifras, datos, ni siquiera de describir situaciones, y realidades (Cfr. AA.VV: “Grandes lineas de una Pastoral Penitenciaria para el tercer milenio”; en la Revista “Obra Mercedaria”, al LV – 226 (enero-diciembre 2000) 455-512; RIOS,J y CABRERA, P.: “Mil voces presas”. Edit. Univ. Comillas. Madrid 1998; APDH: “Informe sobre la situación de las prisiones en España”. Edit. Fundamentos. Madrid, 1999; RIOS,J y CABRERA, P.: “Mirando el abismo”. Edit. Univ. Comillas/Fundación Sta. María. Madrid 2002). Aunque sí es necesario decir que si desaparecen de nuestra visión, no sólo falseamos la realidad, sino que falseamos nuestra acción, y nuestra caridad, lo que puede cuestionarnos si no falseamos nuestra fe.

Se trata de una reflexión sociológica, sí, pero a partir de las descripciones realizadas y, por ello, una reflexión meta-sociológica que se propone tratar los elementos de entender, de significado, de sentido. Incluso mejor, que desvela todo esto desde las claves que nos aporta el Mensaje, profundizando en ellas, desvelando el sentido más profundo de lo humano que en ellas está impreso, proponiendo realizar una reflexión que sea fiel a que “el hombre es el camino de la Iglesia” (RH, 14)

Pasemos, pues a identificar, cuáles son las claves del Mensaje que nos pueden ayudar a esta profundización y a estructurar nuestra reflexión.

A

Las Huellas (sigue las….)

La posibilidad de ser

B

El Tiempo (siendo)

Proceso de ser

C

El Encuentro (acompañando)

Construyendo desde las potencialidades

D

La Utopía (un gran salto adelante)

Forzarla para que pueda ser

I.- CLAVE A: LAS HUELLAS

Las Huellas (sigue las….)

La posibilidad de ser

“El Buen Pastor sigue continuamente las huellas de las ovejas descarriadas y, cuando las encuentra, las carga sobre sus hombros y las lleva de nuevo al redil. Cristo busca el encuentro con cada ser humano, en cualquier situación en que se halle” (Mensaje 1-c)

1.1.- “Sigue las huellas”; ésta es la clave

La cuestión, pues, no está planteada al nivel de lo que nosotros creemos acerca de las personas presas, o queremos que tales personas sean, sino a nivel de lo que las personas son, de facto. Y siguiendo las huellas de lo que son, debemos encontrar al ser humano. Sin ese seguimiento del ser humano, no habrá encuentro, que es otra clave como luego veremos.

En defintiva, es el mismo método de Dios, la encarnación, el trabajo desde la proximidad, la cercanía, la búsqueda de la persona en su propios lugares, en sus propios contextos. Y eso nos plantea un serio tema pastoral, pues, el ser humano -cada uno y todos sin excepción vive – en un “mundus”, es decir, en un complejo de relaciones estructuradas en la que se entrecruza su biografía y la historia, la sociedad en que vive. ¿Cómo es la de los presos?. Pues ahí es donde están sus huellas, nol sólo e, incluso, no tanto en la prisión. En la prisión está un determinado resultado de un camino que seguimos a través de sus huellas. Pero que no conocemos si no es desde sus huellas.

1.2.- Y ésta es la cuestión: las condiciones de vida

Y de esto es muy consciente el Mensaje: “En ocasiones, la cárcel se convierte en un lugar de violencia parangonable a los ambientes de los que frecuentemente provienen los encarcelados” (Mensaje 6-b).

Por tanto, procedencia social, y no tanto geografía, contextos sociales, y posibilidades de realización personal, son elementos imprescindibles para entender las huellas. No es suficiente describirlas paa conocerlas. Hay que “reconocerlas”, o sea, saber entender qué significan esas “condiciones de vida” en la trayectoria concreta de cada ser humano. Y nos referimos ya no sólo a la cárcel como lugar de “violencia”, según dice el Mensaje, y sus condiciones tal como son descritas en el nº 5-c y en el nº 6, además de otras expresiones que recorren el documento y da cuenta del “sufrimiento que hay en las cárceles” (5-b). Debemos referirnos también a la relación que da entre condiciones de pobreza y exclusión y condiciones de las personas y de los ambientes de donde provienen mayoritariamente las personas presas. (Cfr. RENES AYALA, V. : Desórganización y exclusión social: la antesala del delito; ponencia presentada en el V Congreso Nacional de Pastoral Penitenciaria – A Coruña-Santiago de Compostela, 29 de junio/2 de julio 1995), y publicada en “Corintios XIII nº 77 -enero-marzo 1996- ; Págs: 33-35)

Habría que referirse, por tanto, a cómo son y cómo se califican los ambientes (el mundus humano) de los que frecuentemente provienen los encarcelados. Y , como es de sobra conocido por todos, tienen unos rasgos muy definidos de carencia exclusión, etc. Y , añadimos, a los que volverán, si nadie lo remedia, en las mismas o perores condiciones de las que entraron.

1.3.- Por tanto, significado de la clave

Ni el ser humano preso al que atendemos en prisión se reduce a lo que en la cárcel está siendo, ni se entiende “desde lo que en la cárcel está siendo y puede ser”; y eso incluye lo que nos propongamos con él de medidas de rehabilitación y reinserción. Ni se reduce, ni se entiende desde ahí, sino desde los contextos en los que ha fraguado su biografía en las complejas relaciones con su “mundus”, es decir, desde la realidad a la que el seguimiento de las huellas no haya llevado.

Por tanto, la pastoral se dirige a las personas donde están; si presas, pues presas. Pero esa pastoral que, evidentemente no sólo no se puede hacer de espaldas a la cárcel, no se puede definir, pensar, incluso hacer, tomando a la cárcel como el eje de la misma; sino que debe ser planteada desde las biografías de las personas y sus contextos, o sea desde sus itinerarios, desde sus “HUELLAS”. Esas son las que el Buen Pastor carga sobre sus hombros cuando carga la oveja que ha encontrado, pues la ha encontrado donde están sus huellas.

Claro que decir ésto, es abundar en lo ya abundado; pero permitanme decir, también, que és ahí desde donde hay que construir la Pastoral Penitenciaria para que ésta sea una pastoral que se ofrece al ser humano real y concreto.

“Abriendo camino”:

Por ello, lo que nos importa es encontrar en esta clave del Mensaje un sentido para la acción pastoral. Y éste es: la encarnación de la acción pastoral penitenciaria en los contextos “de donde proceden” es condción imprescindible para abrir la “posibilidad de ser” a las personas presas. Desde sus huellas.

II.- CLAVE B: EL TIEMPO

El Tiempo “siendo”

Abriendo Camino: Proceso de Ser

“El Jubileo nos recuerda que el tiempo es de Dios. Tampoco escapa a este señorío de Dios el tiempo de la reclusión. Los poderes públicos que, en cumplimiento de las disposiciones legales, privan de la libertad personal a un ser humano, poniendo como entre paréntesis un período más o menos largo de su existencia, deben saber que ellos no son señores del tiempo del preso”. (Mensaje 3-a y 3-b).

2.1.- “El tiempo es de Dios”; ésta es la clave

Y es en ese tiempo en el que se abren las posibilidades de ser. No en nuestro tiempo, no en el tiempo de las leyes, de las instituciones, de la opinión pública, de los que ostentamos poderes sociales, etc. Y Dios dice que como es “su” tiempo, puede ser nuestro tiempo.

Por tanto la cuetión no está a nuestro nivel sino, de nuevo, en nivel de las personas en sus contextos “en el tiempo de Dios”. ¿Por qué es especial y esencialmente revolucionaria, o sea, evangélica, esta clave?. Pues porque Dios tiene un tiempo que es el tiempo de la personalización del ser humano, aunque no se compadezca bien con el calendario, con los códigos, con las acotaciones y delimitaciones del tiempo que hemos regulado; o sea, los poderes públicos no son señores del tiempo del preso.

Por eso Dios tiene su propio ritmo, siempre dispuesto a acompañar a cada uno a su propio ritmo de salvación; aunque la condición carcelaria despersonaliza, no así ante Dios. “Jesús es un compañero de viaje paciente que sabe respetar los tiempos y los ritmos del corazón humano”. (2-a).

2.2.- Y ésta es la cuestión: la personalización

Porque el tiempo, el ritmo, es el de la personalización. Y este tiempo es el tiempo del “proceso de ser”. Lo que nos plantea una cuestión antropológica y social absolutamente crítica que hay que profundizar desde la categoría de proceso, como ‘proceso de ser’, para poder hacerse persona.

¿Ser, hacer? La importancia de la gramática: siendo

Ser persona implica ser sujeto, y ser sujeto implica actividad. Por ello el proceso de personalización implica ser sujeto activo, lo que no deja de ser una redundancia, pues no hay sujeto si no se es activo. O sea, si es sujeto ‘pasivo’ no se da proceso de personalización, sino de objetualización (el objeto siempre es de otro), pues precisamente la personalización se da cuando se pasa de una objetualidad pasiva a ser de sí propio, sujteto.

Por ello, sujeto y activo se implican, frente a objeto y pasivo. Ahora bien, esto es decir algo muy importante, pues la actividad es un proceso, no un acto puntual; o sea, la personalización implica ser activo en un proceso, en un ‘proceso de ser’, en el que la formación de criterio, de autonomía, de responsabilidad, es lo sustancial de ser sujeto, de lo que se entiende como personalización. O sea, ‘siendo’ = existiendo como sujeto en un proceso activo; o sea en un proceso de ‘hacerse’. Por lo que ‘ser y hacer’ es la experiencia existencial fundamental de la personalización, pues el sujeto existe ‘haciéndo-se’.

Ni que decir tiene que este proceso de ser ‘siendo/haciéndose’, se realiza en continuas transiciones entre sujeto-medio (medio educativo – medio social – tejido grupal y social, incluso asociativo – dinámica social – cambio social). Porque ‘siendo/haciéndose’ no sólo no es una expresión autista, sino que es “gerundio en sociedad”, o sea, un ‘tempus’ personalizador, en tanto se realiza ‘procesando’ y estructurando / desestructurando’ continuamente la experiencia personal y social; y que le sitúa en un contexto de permanente crisis, cambio, confrontación, búsqueda, etc., etc.

Las condiciones (que posibilitan / imposiblitan, potencian / impiden) son cuestión clave, pero no como cuestión añadida, sino como cuestión sustantiva. O sea, no se es un sujeto, y luego se aborda sus condiciones, como otra cuestión. Por mucho que se diga, que sus condiciones son ‘condicionantes’. (No podía ser menos, por eso son ‘condiciones’). Pero esto no funciona así. Sólo existe un sujeto en sus condiciones; pensar otra cosa acerca del sujeto, es una abstracción realmente no existente. Ni ‘siendo’, ni ‘haciéndose’, ni ‘procesando’, ni ‘estructurando’, ni ‘educando’, ni ningún otro gerundio existe, se da, o se realiza, sino ‘siendo’, ‘haciéndose’, etc., en las relaciones que conforman al sujeto como tal. Es decir, habría que re-escribir todo lo dicho incluyendo las condiciones culturales, socienómicas, familiares; las sociales y ambientales; la pedagógicas, las del entorno; y cualquier otra.

2.3.- Por tanto, significado de la clave

¿Por qué este excursus? Porque nos importa encontrar el significado de la clave, lo que está implicado en la clave ‘tiempo’. Dios si apuesta por el ser humano ‘haciendo que pueda ser’, y lo apuesta ‘ofreciendo’, posibilitando que pueda ser ‘siendo’. Y esto sólo es posible en el tiempo de Dios, pues el tiempo humano exige resultados en ‘forma y plazo’. Por ello, una vez más lo que compromete a la Pastoral Penitenciaria es el ser humano en el ‘proceso de ser’. (Cfr. Renes Ayala, Victor: “La Acción Social”, en “Cuadernos de Formación”, nº1. Edición Cáritas Española. Madrid 1998). La dimensión social de esta Pastoral y cómo contribuye a ese proceso, no es una ‘addenda’, sino la condición de posibilidad de que contribuya al proceso de personalización.

Y opta de una determinada manera con una serie de cuestiones clave que se cruzan con este proceso y que el propio Mensaje nos desvela. Por ejemplo: eso es muy largo, y ante un resultado a ‘largo plazo’ no es fácil comprometerse con los solos criterios de la sociedad. Porque, se nos suele decir, ¡“vete a saber lo que ocurre después de tanto esperar a ese juego de palabras de ‘ser siendo’!; y desde luego la sociedad se cansa si no hay los resultados que denomina “exigibles” y que son medidos según la cuenta de resultados. Evidentemente esto es lo que expresa el tiempo de poner fechas y plazos al proceso de ser.

Pero una pastoral no utiliza esos plazos, sino el ‘tiempo de Dios’:

. “Cristo espera del hombre…” (Mensaje 2-a)

. un camino acompañando (no en solitario) aunque largo

. Dios no se cansa de animar

. es preciso recuperar lo perdido. (Mensaje 4-a)

Por ello la categoría de proceso es una categoría básica de la pastoral: “la colaboración al bien común se traduce en el establecimiento de procesos de redención y de crecimiento personal y comunitario fundados en la responsabilidad”.(Mensaje 5-d) “Se trata de poner en marcha iniciativas”. (Mensaje 7-a)

Esto significa que en nuestras acciones, planteamientos, propuestas, proyectos, acciones, debe desaparecer lo puntual, el inmediatismo, la parcialidad de las respuestas, y deben aparecer los procesos de trabajo. Es necesario que nuestra pastoral se enmarque en un nuevo paradigma de acción, en un Modelo de acción que sea capaz de atenerse al concepto de proceso como proceso de ser, que rompe el esquema de resultados medidos desde la contabilidad del código, de la cantidad, de la cuenta de resultados, y pasa a la calidad de la personalización que siempre está en el ‘tiempo de Dios’.

Es muy imporante ver cómo esta dimensión social de la pastoral se sitúa en el nivel de algo tremendamente importante que es el ‘tiempo de Dios’, que es el ‘tiempo de la creación de Dios’. O sea, es el tiempo de que las personas pueda ser en el proceso de personalización, que es manifestación de la propia acción creativa de Dios que es continuada y mantenida en el tiempo, y de la participación en esa capacidad creativa por parte de todos, de las personas implicadas y de nosotros mismos, en tanto somos capaces de contribuir a esa ‘nueva creación’.

“Abriendo camino”:

Por ello, lo que nos importa es encontrar en esta clave del Mensaje un sentido para la acción pastoral. Y éste es: Dios no renuncia a la potencialidad de ser, de personalización, que cada ser humano tiene. El lo garantiza. Y cada ser humano puede desarrollar esa potencialidad, y todas sus potencialidades. Sólo así realiza su posibilidad de ser. Y nuestra Pastoral se abre a la potencialidad de ser, haciendo viable tanto cuanto es oportuno para el proceso de ser de acuerdo al tiempo de Dios.

III.- CLAVE C: EL ENCUENTRO

El encuentro ‘acompañando’

Abriendo camino: construyendo desde las potencialidades

“El objetivo del encuentro de Jesús con el hombre es su salvación. Una salvación que, por otra parte, es propuesta, no impuesta. Cristo espera del hombre una aceptación confiada que abra la mente a decisiones generosas, orientadas a remediar el mal causado y a promover el bien. Se trata de un camino a veces largo, pero ciertamente estimulante, porque no se recorre en solitario, sino en compañía y con el apoyo del mismo Cristo. Jesús es un compañero de viaje paciente, que sabe respetar los tiempos y ritmos del corazón humano, aunque no se cansa de animar a cada uno en el camino hacia la meta de la salvación” (Mensaje 2-a)

3.1.- “El encuentro con cada ser humano”; ésta es la clave

“Cristo busca el encuentro con cada ser humano, en cualquier situación en que se halle” (Mensaje, 1-c)

Realmente el ‘encuentro’ es la relación humana que se realiza desde la propia estructura de ser humanos los humanos, o sea, desde el mutuo reconocimiento de persona en mutua relación. Sólo si hay algo que se da en las dos personas que se encuentran que les permita una relación de ‘iguales’, se puede dar ‘encuentro’. Si no hay nada que en medio de las diferencias que distinguen a las personas pueda ser reconocido como común, no hay nada en qué encontrarse y no se dará el encuentro. Pues bien, lo que siempre se da, se puede y se debe dar, es el mutuo reconocimiento de persona, de la dignidad de la persona. De no ser así, de no reconocerse ‘iguales’ en dignidad, no habría encuentro, habría ‘otra cosa’.

Esta relación de encuentro es dialógica, pues se produce en y desde el ámbito en que no hay superioridad por parte de nadie. Lo que, en contextos de desigualdad humana tan marcada como es la situación de ‘prisionización’, sólo se puede fundamentar en la confianza en algo que es consistente. Por ello, porque Dios siempre se encuentra con el ser humano en lo consistente, en la dignidad personal, Dios siempre apuesta por el ser humano ‘en cualquier situación en que se halle’.

El encuentro no es, pues una simple actitud, es un comportamiento de compromiso activo con las personas concretas desde sus situaciones reales. Y compromiso constante ‘en el tiempo, en el caminar en el tiempo’. Y una confianza en el caminar se realiza ‘acompañando’ al caminante (‘no se recorre en solitario, sino en compañía y con el apoyo de Cristo’) durante todo el recorrido del camino (‘camino a veces largo’), en tiempo real, o sea, en el tiempo que ese caminante concreto necesite para su camino.

‘Acompañando’: éste es el elemento más relevante de la pastoral, casi se podría decir que el que más visibiliza el compromiso cristiano con las personas presas. Pues acompañar no es simple compañía sino compañía sincronizada, que apuesta por el otro, y que sigue el camino según el ritmo de cada persona. “Cada uno está llamado a sincronizar el tiempo del propio corazón, único e irrepetible, con el tiempo del corazón misericordioso de Dios, siempre dispuesto a acompañar a cada uno a su propio ritmo hacia la salvación” (Mensaje 3-b)

3.2.- Y ésta es la cuestión: la calidad del encuentro se valida en el acompañamiento del proceso de personalización.

Tan es así que la capacidad de acompañamiento es la que define la calidad del encuentro. Cierto que el encuentro es el resquicio y la manifestación de un primer acto de justicia: reconocer al otro en su dignidad; y eso aunque los parámetros de la sociedad le hayan definido como autor de una justicia. Desde ese reconocimiento se produce la relación dialógica, que necesita un punto de encuentro para que se pueda dar una relación humana entre humanos; y es que el otro siempre mantiene su dignidad (en cualquier situación), lo que para el cristiano tiene su realidad más profunda en la filiación, y en la fraternidad, que siempre se mantiene. Si no fuere así no sería encuentro, sino ‘vasalleje’ aún con estilo de preocupación paternal.

Todo esto es cierto y se produce -o se debe producir- en el ‘encuentro’, pero no es suficiente. Para que ese acto inicial de justicia se convierta en significativo, salvífico, y no en una relación que frustra la propia justicia si se queda en un momento puntual, debe ser mantenida en toda la transversalidad de su situación y en toda la temporalidad de su proceso; durante todo el ‘tiempo del camino’. O lo que es lo mismo, el encuentro mantenido se realiza en el acompañamiento real en todo el tránsito de la personalización. Y es ese acompañamiento el que realiza la confianza como comportamiento, el reconocimiento de la dignidad, la justicia de Dios, que realiza lo que anuncia. Un signo, un ‘sacramento’, de su apuesta por el ser humano desde su Amor.

El acompañamiento como compromiso, pero también como método. Porque no cualquier método ni cualquier proyecto es adecuado para ese encuentro de reconocimiento del ser humano, sino el que asume la complejidad de factores y componentes del proceso de ser. Porque la propia relación dialógica que el encuentro es, es la portadora del valor fundamental del proceso de ser sujeto, puesto que’ acompaña’ al sujeto en el descubrimiento de su dignidadm de sus valores, de sus posibilidades, de sus potencialidades, de sus capacidades para apostar por algo ‘nuevo’, por una ‘buena noticia’, y eso cada día. Por tanto:

    • acompaña, promueve, soporta -da soporte- , potencia, posibilita, dinamiza, detecta, valora la persona, dice sin palabras que se puede contar con él, …

    • pero no suple, no subordina, no somete, no hace demostración de lo que sabe, no se apoya en la ignorancia del que no sabe, no hace ver la inutilidad de quien no es o no sabe lo que él,…

Hay que tener presente que cuando se realiza un ‘acompañamiento’, en el proceso de personalización, el propio proceso de acompañamiento es una relación personalizadora, humanizadora, liberadora (RENES AYALA, Victor: “Acciones significativas”; en Corintios XIII, nº93 enero.marzo 2000).

Pero no pensemos que siempre se realiza así. Sobre todo cuando el acompañamiento se realiza a modo de ‘educación con las palabras’. El que acompaña a las personas en el proceso de personalización, sugiere, anima, escucha, exige, con-participa, con-vive, etc; es la referencia más cercana y más sinérgica. Su estilo de hacer, de situarse, sus actitudes, etc. se conforman como determinantes de una relación educativa acorde al proceso de ser. Y se realiza en la cotidianeidad del ‘acompañamiento’ de lo sujetos mucho más y mejor que a través del lo que pueda decir, aunque sea muy interesante.

Por ello el acompañamiento como método es sustantivo, porque debajo de este método hay una tarea importantísima de ‘saber hacer’, o mejor ‘sabiendo hacer’ tanto en el sentido de saber ‘lo que’ se hace, como de saber ‘como’ se hace, como de saber ‘cómo’ se hace. O sea, ‘acompañando’ lo que es el proceso de ser ‘siendo/ haciéndose’.

3.3.- Por tanto, significado de la clave

El encuentro, pues, no es una pura relación intimista, sino que se evalúa desde el otro, o sea, desde y en la situación de la persona presa se debe producir un encuentro en lo que es la valencia fundamental del ser humano, su dignidad. Ahí se construye el encuentro, ‘confiando’ en ella. Y ‘acompañandola’ en su proceso de personalización, que se construye desde su potencialidades, pues de lo contrario se construiría sobre nuestros discursos, incluso sobre nuestras acciones, pero no sobre lo único que da posibilidades al ser humano, que es la potenciación de sus capacidades, para que el ser que es se desvele en plenitud; “se siendo”. Y Dios sí apuesta por él.

“Abriendo camino”:

Por ello, lo que nos importa es encontrar esta clave del Mensaje un sentido para la acción pastoral. Y éste es: no renunciar a la potencialidad de ser, de personalización, que cada ser humano tiene, plantea que nuestra relación es dialógica, como la de Dios con nosotros.

Reconocer la dignidad es la base del encuentro, y acompañar ese proceso es la clave de realización de la justicia de Dios que quiere y da oportunidad a cada ser humano a que ‘pueda ser’ desde sus potencialidades. Por ello ‘acompañar’ es apostar por lo que personaliza, humaniza y libera, desde realizaciones prácticas ‘a pesar de toda esperanza’, que serán signos de que son posibles y de que siempre se pueden realizar “nuevas opotunidades de recuperación”. He aquí lo esta clave nos plantea: La Pastoral Penitenciaria como pastoral que acompaña las acciones promocionales a favaro del recluso”, pues no aceptamos reducir la prisión a mera retorsión social, haciéndola solamente odiosa.

IV.- CLAVE D: LA UTOPIA

La Utopía ‘un gran salto adelante’

Abriendo camino: forzarla para que pueda ser

“La misma esperiencia jubilar está en estrecha relación con la condición humana del paso del tiempo, a la cual quiere dar un sentido: por un lado, el Jubileo quiere ayudarnos a vivir el recuerdo del pasado aprovechando las experiencias vividas; por otro, nos abre el futuro en el cual el compromiso del hombre y la gracia de Dios deben construir juntos lo que queda por vivir” (Mensaje 2-b).

4.1.- “Todo esto no debe considerarse como una utopía” (Mensaje 5-d); ésta es la clave.

“Abiertos al futuro”, “construir juntos lo que queda por vivir”. Hay espacio para la utopía. Lo dice el propio Mensaje. Y, lo que es decisivo, el Mensaje no lo propone como un simple sueño, sino como un sueño que hay que vivir despiertos, pues no es ni más ni menos que una utopía exigida por la colaboración al “bien común”. (Mensaje 5-d)

Por tanto, operante aquí y ahora, que marca fines reales y realistas. Reales sí, pero fines que trascienden lo que solemos considerar ‘razonado’ según la argumentación al uso en nuestra sociedad, pero que la gracia de Dios dice que no es ‘razonable’. Y operantes aquí y ahora, pues una -la gracia- y otra -la utopía- se encarnan en el “compromiso del hombre”. Esta es la cuestión que vamos a examinar ahora.

La cuestión hay que plantearla desde entender el sentido de la pena. Desde ahi podemos plantearnos y entender lo que es razonable desde la perspectiva pastoral (fines), siendo éstos los que marcarán la perspectiva jurídica (medios) : “si la celebración del Gran Jubileo es para los encarcelados una oportunidad para reflexionar sobre su condición, lo mismo se puede decir para toda la sociedad civil que se enfrenta cada día a la delincuencia, para las autoridades encargadas de mantener el orden público y favorecer el bien común, y para los juristas llamados a reflexionar sobre el sentido de la pena y abrir nuevos horizontes para la colectividad”. (Mensaje 5-a).

Por tanto, tratándose de fines, no se puede acotar el tema a una cuestión que afecta sólo a los presos y/o a las prisiones, a la cárcel; ni sólo a las instituciones penitenciarias y a los juristas; sino que es algo que incumbe a toda la sociedad.

La mención al bien común no es una mención abstracta, sino muy dirigida a la sociedad concreta en el que se da el hecho concreto de la cárcel, de la prisión, y de todo el sistema penitenciario. Así pues, en la Pastoral Penitenciaria no está en juego sólo la atención al preso, cuestión evidentemente por sí misma. En ello se enraíza, pero no se agarrota. Desde él, desde el ser humano concreto, se proyecta a la sociedad, pero no de un modo platónico, sino encarnado; o sea, en tanto es el bien común de todos (y cada uno), de la propia sociedad en su conjunto, el que está en juego y se compromete en la realización y en la transformación de cuanto sea necesario para ello.

Por tanto, inicialmente, Utopía es colaboración al bien común (Mensaje 5-d) y eso como conciencia de toda la sociedad; lo que implica “cambio de mentalidad” (Mensaje 6-a). Este es el primer logro de la Utopía penitenciria.

Pero como hemos dicho, eso se realiza en la acción práctica. Por lo que la Utopía penitenciaria se realiza en tanto abre “nuevos horizontes” (Mensaje 5-a). Y aquí, no es necesario decirlo por evidente, se necesita la colaboración de todos, consenso social, y competencias técnicas (Mensaje 6-a). Por lo que para que la apertura de esos nuevos horizontes no se aleje a medida que nos acerquemos a ellos. Colaboración, consenso, competencias técnicas, son medios imprescindibles, pero no marcan los fines, sino viceversa.

Esta es la cuestión complicada. Por eso la Utopía es una tensión permanente, pues sólo es real en la medida en que se visibiliza a través de medidas y acciones significativas que “la van trayendo” porque van realizando lo que signfican, y en esa medida dan ‘topos’ a la utopía.

Y ésta es la cuestión: la ‘necesidad’ de la utopía

La cuestión es la necesidad de la utopía. O sea, mantener la situación que actualmente existe, o declarar la necesidad de nuevas medidas pero no implementarlas, dotarlas y desarrollarlas, e seguir afirmando y consolidando las situaciones y problemas que se generan en el actual sistema penitenciario. Es necesaria “una renovación auténtica tanto de la mentalidad como de las instituciones” (Mensaje 7-a).

En este cambio aparece como paradigma de referencia la persona humana, o sea, que la represión de la delincuencia no “perjudique” (Mensaje 5-d) al delincuente, y le ofrezca “un camino de rehabilitación y reinserción positiva en la sociedad” (Mensaje 5-d).

Esto parece ser el anclaje firme de un necesario replanteamiento (Mensaje 5-d). Y este replanteamiento debe llegar a lo más profundo del instrumento del sistema penitenciario ante la delincuencia y de las penas aplicadas al delincuente: la cárcel. Ciertamente estamos ante el tema más vidrioso de toda la cuestión penitenciaria, pues hoy está centrado en la cárcel todo el debate, toda la presión social y toda la polémica social. Así le parece al Mensaje, pues no se puede obviar lo que está representando para la persona presa, ‘al menos en el tiempo de Dios’, o sea, para la Pastoral Penitenciaria.

Y sobre este tema urge el replanteamiento, lo que hoy es ciertamente una ‘utopía real’, pues la carcel tiene un déficit realmente importante en relación a su función de represión de la delincuencia. Pero, lo que es más grave, no se puede obviar que está en el origen de problemas más graves (Mensaje 5-c). Tanto nos asusta este tema que parece que nos sentimos impotentes ante él, pues pensamos, ¿entonces qué?; y es cuando reconocemos que ciertamente la cárcel ‘en algunos casos’ si es causa u origen de problemas más graves, pero…; y no nos atrevemos a definir los puntos suspensivos. Esto nos suspende a nosotros en el examen y, sin embargo, seguimos dejando sin responder los puntos suspensivos.

Y esto no es literatura, pues el propio Mensaje llega al límite cuando plantea que “en ocasiones, la cárcel se convierte en un lugar de violencia parangonable a los ambientes de los que frecuentemente provienen los encarcelados. Esto hace inútil, como es evidente, todo intento educativo de las medidas de reclusión”. (Mensaje 6-b)

Así pues, la “Utopía es necesaria”. Sin ella no sólo no caminamos a una “vida social serena y pacífica” (Mensaje 5-b), sino que retrocederemos en los procesos de humanización y damos un salto atrás y no hacia adelante.

4.2.- ¿Cómo dar un salto hacia adelante?

4.2.1.- “Una conveniente adaptación de las instituciones jurídicas”

(Mensaje 6-a)

Es un tema sobradamente conocido y tratado, y no por ello menos importante, pero que ahora nos evita su desarrollo. Por otra parte, es necesario un tratamiento técnico como dice el Mensaje (6), a lo que dedica un amplio espacio. Lo que no nos parece innecesario es dejar bien planteado cuál es el referente principal de esas medidas; y hay que explicitar que debe ser el ser humano, pues es real el peligro de que sean las propias medidas las que se convierten en el eje de la discusión, obviando que de lo que se trata es del ser humano. Hay que atajar el riesgo de que se trasmuten los medios en fines y la subordinación de los segundos a los primeros. Algo a lo que en esta sociedad estamos demasiado habituados no sólo en este tema.

4.2.2.- “Para hacer más humana la vida en la cárcel es muy importante prever iniciativas concretas” (Mensaje 7-c)

Y estas iniciativas deben tener una variada gama de aspectos, entre los que deben primar las iniciativas concretas de carácter laboral, formativo,… Plantear la necesidad de rehabilitación, reinserción (Mensaje 5-b) sería no una utopía, sino una propuesta frustrante, si no dispusiera de los medios adecuados. Y esta es la cuestión. No se trata simplemente de ‘hacer cosas’ (trabajos, cursos…). Esos son medios que pueden ser adecuados. Pero por sí solos no indican nada.

Si se quiere que realmente formen parte de un proyecto humanizador deben plantearse como elementos dinámicos y bien dirigidos desde las necesidades de crecimiento personal y comunitario de las personas presas. “Todo esto es aún más evidente para la realidad carcelaria: abstenerse de acciones promocionales en favor del recluso significaría reducir la prisión a mera retorsión social, haciéndola solamente odiosa” (Mensjase 4-b).

Se trata, pues, de proyectos ‘promocionales’, pero éstos no lo son simplemente porque existan actividades laborales, formativas, etc,. Para que lo sean deben formar parte de un proceso que se centra en la persona y no tanto en el control carcelario, o en la pura ocupación del ocio. Promocional sólo es si es también participativo, motivador, y sobre todo si tiene que ver con elementos que van fraguando un nuevo proyecto de vida.

4.2.3.- “Recurso más frecuente a penas que no priven de la libertad”.

(Mensaje 7-b)

Dada la conciencia que pretende trasmitirnos el Mensaje sobre la situación de las prisiones, no debe extrañar este pronunciamiento tan claro en una medida que trasciende la sola adaptación, modificación, reforma de las instituciones penitenciarias, pues llega al corazón del propio problema, que consiste en entender que el ‘delito tiene un coste medido en libertad’, mejor, en grados de libertad. (Como si fuere posible hacer algo tan profundamente humano un tratamiento semejante a lo que se considera normal en una sociedad que tiende a concebir todo según el tipo de equivalencia establecida por el intercambio mercantil, o sea, que todo tiene pago equivalente en moneda, en precio monetarizable, aunque con diversos grados de coste).

Aquí entra en juego algo importante, y decisivo, como es el establecimiento axiomático de la ecuación penas : (privación de) libertad. Este es el tema central de lo que constituye el reto de toda la cuestión penitenciaria; o sea, ‘pena’, por relación a la víctima; y ‘pena’ por relación al victimario, ¿cuál es la ecuación más ajustada?. El ser humano anda en juego, pero también la propia sociedad, y sus caminos a una sociedad más equilibrada, serena, justa, pacífica y de convivencia humana.

4.2.4.- “Procesos de redención y crecimiento personal y comunitario fundados en la responsabilidad” (Mensaje 5-d)

Personal y comunitario, nada menos. Pero imprescindible, pues nos abre a un camino nuevo de entendimiento de la pena, de la redención de la pena, de la reparación del daño a la víctima y a la sociedad, como decíamos en el punto anterior. Por ello el Mensaje establece la necesidad de recomponer la relación entre hecho penitenciario y sociedad. Por ello el crecimiento no es sólo de la persona presa, sino de toda la comunidad. Y ello es difícil avanzar por este camino. ¿Cuáles son las formas de esa nueva relación persona presa/comunidad?. Aquí es donde el Mensaje ve nuestras dudas y dice: “Todo esto no debe considerarse como una utopía. Los que pueden deben esforzarse en dar forma jurídica a estos fines (Mensaje 5-d).

Si, pues, se da forma jurídica a estos fines hemos dado un gran salto, el salto a que las personas presas puedan desarrollar todas sus potencialidades, también las de solidaridad con otros. Este es el punto que nos dice si estamos llegando al climáx de la utopía. Pero no sólo la utopía de la pastoral penitenciaria, sino de la Pastoral, de toda ella. Pues en el proceso de crecimiento personal y comunitario de todas las personas y de todos los grupos humanos, el climáx se alcanza en el reconocimiento solidario del ‘otro’, o sea, en el amor por el otro. ¿De qué forma es esto posible?. Seguro que las experiencias de muchos agentes lo pueden hacer visible. La cuestión es que pase a ser elemento significativo de la Pastoral Penitenciaria.

4.3.- Por tanto, significado de la clave

La utopía no es, por tanto, una forma de escapar de la crudeza de una realidad, como es la penitenciaria, sino una forma distinta de abordarla. Distinta, y además realista. Más aún, realista y ‘verídica’, o sea, que dice la verdad. La verdad de las personas, la verdad de los fines, la verdad de los medios. Y éste es su significado: una pastoral que no sea la realización significativa de la Utopía, consolida la realidad que el Mensaje desea transformar. Una pastoral que desea transformar esta realidad se compromete y urge su acción y su colaboración ‘a modo sacramental’ (Cfr. JARAMILLO RIVAS, PEDRO: “El jubileo, tiempo de caridad y de compromiso”, en Corintios XIII, nº 97-98. Enero – Junio 2001; págs. 437-440), o sea, haciendo lo que anuncia, anunciando lo que realiza: “una sincera reflexión sobre los fines que la sociedad se propone para afrontar la criminalidad, una valoración seria de los medios usados para estos objetivos han llevado, y podrán aún llevar, a concretar las enmiendas que sean necesarias” (Mensaje 7-a)

En la mediación entre los fines y los medios, la Pastoral Penitenciaria hace presente la Utopía; eso sí, siempre sujeta a una tensión de tipo escatológico, pues la única mediación plenamente reconciliada es la recapitulación de todas las cosas en Cristo-Dios.

“Abriendo camino”:

Por ello, lo que nos importa es encontrar en esta clave del Mensaje un sentido para la acción pastoral. Y éste es: trascender la pura realización fáctica de medidas, incluso de reformas, para ‘llevar más allá de lo razonado’ la mediación entre fines y medios; hasta encontrar, concienciar, hacer ver, realizar en la práctica que lo ‘razonable’ es una Pastoral Penitenciaria que hace presente la Utopía, el valor del ser humano, la comunidad que acoge y se encuentra y acompaña el proceso de ser de las personas presas y de la sociedad que se ha sentido agraviada. Todas las medidas que puedan realizar esta finalidad van a ser primero practicadas, y por practicadas exigibles y exigidas. Lo que hace falta es ‘forzarlas’ para puedan llegar a ser.

Manuel García Souto

Capellán