“Su Resurrección”, dijo el arzobispo de Santiago, “revela que podemos amar más allá de la muerte y vivir conforme a los criterios de nuestra fe, haciendo el bien y luchando contra el mal, hasta dar la vida por Cristo. Así lo están haciendo tantos cristianos martirizados. “Cristo resucitado viene a animar una fiesta en lo más íntimo del corazón humano”, dice san Atanasio”. En la Misa del Domingo de Pascua en la catedral, monseñor Julián Barrio indicó además que la Resurrección “es un mensaje esperanzador en una sociedad desasosegada, tensionada y llena de regueros de sangre, que busca pretextos para la guerra, el terrorismo y la violencia, que siempre degradan la dignidad de la persona y ponen al descubierto nuestra fragilidad y la dificultad de construir la paz. Cristo resucitado vence los temores y da la paz”.

“Al Resucitado”, indicó, “lo encontramos en la lucha diaria en favor de la vida, en la cercanía a los olvidados y marginados y en el compromiso con los pobres y con la gente que comparten generosamente lo que tienen y que son capaces de esperanza”.

También señaló D. Julián que Cristo resucitado “nos precede en las galileas y en las periferias de nuestros tiempos, normalmente ignoradas porque no son rentables para determinados intereses ideológicos y económicos. Ahí nos envía para ofrecerles la alegría pascual, mediante el servicio, el amor fraterno y las bienaventuranzas”. En la Eucaristía estaban presentes los jóvenes de la Delegación diocesana de Infancia y Juventud que hicieron durante la Semana Santa el Camino de Santiago desde Tui. Al acabar la celebración el arzobispo se fotografió con ellos.