Saludo de mons. Barrio en las XVII Jornadas de Teología de la Caridad

Presidente de Caritas Española
Obispo Acompañante de Caritas Española
Delegado Episcopal de Caritas Española
Ponentes y participantes en estas XVII Jornadas de Teología sobre la Caridad

En nombre de todos los que formamos esta Iglesia particular de Santiago de Compostela, Obispo Auxiliar, Sacerdotes, Religiosos, miembros de Institutos Seculares y Laicos, y en el mío propio, reciban nuestra afectuosa bienvenida y hospitalidad. Bienvenidos a la Ciudad del Apóstol Santiago, “la ciudad espiritual, desde el mismo momento en que el Apóstol la eligió como sepultura; la ciudad histórica y terrena, desde que Alfonso el Casto mandó edificar la primera basílica. Ambas estaban desde el principio en la mente de Dios. Los hombres un año y otro, entre dolores y alegrías, fueron realizando en piedra y en gracias espirituales los esquemas divinos”. Desde que supimos que vendrían, les hemos acompañado en la alabanza y súplica, en la confianza y esperanza, lo que experimenta el hombre peregrino que se está desplazando[1].

Para esta Iglesia particular de Santiago de Compostela es motivo de profunda alegría la presencia de    todos Vds., un honor y un acontecimiento que recogerá puntualmente la historia compostelana, de manera especial la historia de Caritas Diocesana. Los caminos de la caridad de la Iglesia que peregrina en España convergen aquí en Santiago donde la memoria y la intuición profética quieren vertebrarse con la tradición apostólica que fundamenta nuestra fe. La caridad que peregrina en la Iglesia española se encuentra representada a través de Vds. en esta ciudad del Apóstol, que de manera especial en estos días se hace un Emaús de encuentro, de acogida, y de reflexión. El venir hasta aquí no es con la intención de alejarse de “la Jerusalén” en que cada uno tiene que cumplir el encargo que nos dio el Señor Jesús: “dar testimonio del Evangelio de la gracia de Dios a través de la caridad” (Hch 20, 24).

Sintiéndonos “peregrinos por gracia aquí abajo, ciudadanos por gracia allá arriba”, damos gracias a Dios y hacemos memoria de la Tradición Apostólica junto al venerado sepulcro del Apóstol Protomártir. Les acogemos en la caridad como los discípulos de Emaús acogieron a Jesús después de haber caminado en su compañía. “No pueden ser ajenos a la caridad aquellos con quienes camina la verdad”. De esta forma queremos seguir haciendo realidad que “Compostela, hogar espacioso y de puertas abiertas, donde se ha venido dispensando por los siglos y siglos, sin discriminación alguna, el pan de la “perdonanza” y de la gracia, quiere convertirse a partir de ahora en foco luminoso de vida cristiana, en reserva de energía apostólica para nuestras vías de evangelización”, como manifestó san Juan Pablo II.

Desde esta ciudad, meta de peregrinación,  expresamos el deseo de una sociedad donde la riqueza cultural, la economía y el bienestar social sean patrimonio al servicio de todos, revitalizando las raíces cristianas. En este momento me hago eco de la palabra orante que Dante ponía en boca de Beatriz dirigiéndose al Apóstol Santiago: “Haz que desde aquí resuene la esperanza”, sabiendo que Cristo Resucitado es la nueva esperanza sobrenatural que no anula la natural. “El hombre no puede vivir sin esperanza: su vida condenada a la insignificancia, se convertiría en insoportable”[2]. “El hombre espera en Dios y en él lo espera todo”. Pero la esperanza es inseparable del amor solidario. “No se puede abrir el proceso de la esperanza sin instituir al mismo tiempo el del amor”, porque la fe funda la esperanza y el amor la acrecienta. “Vivir en la caridad es pues un gozoso anuncio para todos, haciendo creíble el amor de Dios que no abandona a nadie. En definitiva, significa dar al hombre desorientado razones verdaderas para seguir esperando”[3]. La esperanza se convierte en fuente de amor y de servicio al prójimo. “Preguntar por ella es otra forma de preguntar por la persona, por su valor sagrado, por su condición fiadora, confiable y amorosa; por su perduración personal; por su futuro ligado inexorablemente a la responsabilidad moral en el presente”[4].

Al celebrar estas Jornadas sobre la Teología de la Caridad hago memoria de que la existencia ha de comprenderse como don y tarea para el hombre, en la que se defienda la dignidad de la persona como algo sagrado e inviolable, en la que el prójimo sea aquel de quien cada uno se hace responsable y en la que la vida de cada uno se ponga al servicio de los demás. Que el Apóstol Santiago haga resonar desde aquí la esperanza para que reflejemos cada vez mejor el Evangelio y crezcan la comunión y la unidad, de forma que el rostro de Cristo resplandezca con todo su fulgor para la paz y el gozo de todos. Como a los peregrinos les digo Eultreia (Adelante) Esuseia (Arriba). Bienvenidos.

 

[1] P. BEAUCHAMP, Psaumes nuit et tour, París 1980, 147.

[2] JUAN PABLO II, Ecclesia in Europa, 10.

[3] Ibid., 84.

[4] O. GONZALEZ DE CARDEDAL, Raíz de la esperanza, Salamanca 1995, 12.

 

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